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Valores: Firmes en los principios bíblicos

por | Mar 12, 2026 | Valores | 0 Comentarios

“Así que, hermanos, sigan firmes y manténganse fieles a las enseñanzas que, oralmente o por carta, les hemos trasmitido.” 2da a  los Tesalonicenses 2:15

La firmeza es un valor fundamental para el creyente. El término que utiliza Pablo en el texto que estamos considerando da la idea de mantenerse de pie. Cuando se trata de la Palabra de Dios, debemos entender que ella es el fundamento sobre el cual podemos mantenernos firmes ante cualquier situación que tengamos que enfrentar.

Ella es la roca que debe sostener nuestra vida. Cuando un rescatista trata de salvar a alguien que se ahoga en el mar, antes de llegarse hasta él debe lanzarle un salvavidas. Cuando la víctima lo toma y siente la seguridad y la estabilidad que el cuerpo flotante le brinda se calma y es entonces cuando el rescate tiene lugar. La Biblia es ese fundamento que nos hace sentir seguros cuando todo a nuestro alrededor se derrumba. Por eso es tan importante que establezcamos nuestra vida en sus principios.

En el pasaje que hemos presentado de 2da a los Tesalonicenses 2:15, Pablo advierte sobre falsos maestros que pretendían engañar a la iglesia. Estos trataban de exhibir autoridad apostólica en sus enseñanzas, pero contradecían con ellas lo que los mismos apóstoles habían enseñado. El peligro está en que estos engañadores lograrán desviar a muchos, especialmente a aquellos que vean en el error aquello que satisface sus deseos personales y se nieguen así a creer la verdad. En este contexto, Pablo les da a los hermanos de Tesalónica tres mandatos que nos servirán de sustento para el desarrollo de nuestro primer valor: “FIRMES EN LOS PRINCIPIOS BÍBLICOS”.

 

  1. Estar Firmes en los Principios Bíblicos exige de nosotros perseverar en la obediencia a ellos. El término “firme” literalmente significa “estar de pie”, en el texto, ante la Palabra de Dios, lo cual implica estar sometidos y bien dispuestos a obedecer su autoridad. Claramente esta firmeza descansa en dos aspectos fundamentales:
    1. La Aceptación de su Autoridad. Si la Biblia para nosotros no reviste autoridad plena, nunca la consideraremos útil para sostenernos. Así que veamos muy rápidamente los elementos que hacen de la Biblia la Verdad Absoluta y la Fuente Máxima de Autoridad para el ser humano:
      • Evidencias Externas: La Biblia es un libro sin igual. Todas las singularidades que la caracterizan demuestran que es un libro sobrenatural. Por ejemplo podemos citar algunas singularidades: 1) Escrita en un período de 1600 años aproximadamente, por más de 40 autores de culturas, formación y realidades distintas. Como la lógica lo indica, muchos de ellos no se conocieron para ponerse de acuerdo en lo que habrían de escribir; con todo ello la Biblia es coherente en todos sus escritos, no contiene errores y preserva desde el primer libro hasta el último el tema único de la redención del hombre a través de Cristo. Esto hizo que Webster, el gran catedrático norteamericano, se refiriera a ella en los siguientes términos: “La Biblia debe ser considerada como la gran fuente de toda la verdad por la cual los hombres han de ser guiados en el gobierno, así como en todas las transacciones sociales”. Esto sin citar todas las profecías descritas en la Biblia que han tenido cumplimiento exacto en la historia universal, las cuales superan las 400.
      • Evidencias Internas: Además de lo que pudiéramos decir de las Escrituras vistas desde afuera, ella misma se autodefine como Inspirada por Dios (2 de Pedro 1:19-21); Eterna (Lucas 21:33); Absolutamente útil para instruir al ser humano en todos los aspectos de su vida (2 a Timoteo 3:16); Viva y eficaz (Hebreos 4:12). La Biblia misma se describe como todo lo que el ser humano necesita para vivir adecuadamente mientras estemos en la tierra y para garantizarse en Cristo la eternidad. La Biblia es absolutamente autoritativa, porque es la Verdad absoluta. Ella es la Palabra de Dios.
    2. La Sujeción a su Autoridad. Pudiéramos reconocer la autoridad de las Escrituras, pero esto no garantiza que estemos dispuestos a someternos a ella. El Señor les reclamó a los líderes religiosos precisamente esta actitud: “Ustedes estudian las Escrituras a fondo porque piensan que ellas les dan vida eterna. ¡Pero las Escrituras me señalan a mí! Sin embargo, ustedes se niegan a venir a mí para recibir esa vida” (Juan 5:39-40). Todo estudio de la Biblia que no nos conduzca a Cristo es vacío y desconoce su autoridad. Los líderes judíos estudiaban las Escrituras en busca de la vida eterna, pero cuando Cristo vino, entonces no se acercaron a él para obtener la vida. Nuestro estudio de la Biblia debe tener como fin el sometimiento de nuestra voluntad a la voluntad de nuestro Señor. La obediencia a las Escrituras debe descansar en su autoridad. Nos sometemos a ella porque es autoritativa para nosotros. Perseverar en la obediencia es la razón por la que nos paramos firmes sobre ella. “Porque en esto consiste el amor de Dios, en que guardemos sus Mandamientos. Y sus Mandamientos no son gravosos.” (1 de Juan 5:3).

       

  2. Estar Firmes en los Principios Bíblicos exige de nosotros perseverar en el conocimiento profundo de ellos. El término “manténganse” del texto en estudio da la idea de tomar con fuerza o hacerse poderoso. En el sentido de las “enseñanzas”, la idea expresa un conocimiento sólido y magistral de ellas. La firmeza en los principios bíblicos nos exige conocerla con profundidad y conocerla con profundidad depende de tres funciones básicas:
    1. Un Estudio Habitual de la Biblia. El hábito de estudio bíblico debe ser desarrollado en cada creyente. Algunos especialistas dicen que para desarrollar un hábito debemos mantener por más de 40 días una acción bajo las mismas condiciones de hora, tiempo y lugar. La Biblia nos habla de este hábito en diversas ocasiones. David lo expresa así: “¡Oh Dios, tú eres mi Dios! De madrugada te busco. Mi alma tiene sed de ti, mi cuerpo te anhela, como tierra seca, agotada y sin agua.” (Salmo 63:1) Este pasaje nos señala la acción reiterativa de buscar con ansias al Señor cada día antes que el sol salga. Se nos habla del hábito del mismo Señor Jesucristo de la siguiente forma: “A la mañana siguiente, antes del amanecer, Jesús se levantó y fue a un lugar aislado para orar.” (Marcos 1:35) Esta acción se refiere a una actitud habitual del Señor durante su ministerio terrenal. Es el hábito de buscar la dirección de Dios a través del estudio de la Biblia lo que debería ocupar a cada creyente y lo que debería estar establecido en cada hogar donde haya un cristiano verdadero.
    2. Un estudio Sistemático de la Palabra de Dios. El conocimiento de las Escrituras debe ser además de constante, sistemático, es decir capaz de abarcar de manera organizada cada principio contenido en ella. Es interesante resaltar la manera cómo el Señor nos hace énfasis en el estudio de toda la Biblia: “Decía Jesús a los judíos que habían creído en él: ‘Si vosotros permanecéis en mi palabra, sois realmente mis discípulos. Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará’” (Juan 8:31-32). Una cualidad distintiva del discípulo auténtico es que permanece en la Palabra, recordemos la idea del hábito, pero aquí se suma un detalle más, el término que se traduce “palabra” da la idea de toda absolutamente. Es decir si hiciéramos morada (hábito) en toda la escritura, entonces el carácter del discípulo verdadero comienza a dejarse ver en nosotros y el resultado será que conoceremos experimentalmente la verdad y ella nos hará libres. Entonces podemos ver que la libertad es el resultado de aplicar efectivamente los principios establecidos en la Palabra de Dios en cada circunstancia de la vida.
    3. Estudio Aplicado de la Palabra de Dios. El hábito debe ser complementado con el estudio sistemático y el estudio sistemático debe generar una aplicación eficaz de cada principio. Es curiosa la manera cómo los términos se aplican en la Biblia. Así como el Señor enfoca la necesidad de permanecer en toda la palabra para formar el carácter cristiano, cuando se trata de aplicación el término “palabra” que se utiliza se refiere a pequeñas porciones que el Espíritu Santo trae a nuestra memoria. Estas porciones son efectivas para cada necesidad, pero provienen del estudio general de toda la Escritura. Tal es el caso de la “…espada del Espíritu, que es la palabra de Dios” (Efesios 6:17). Como arma de defensa, el soldado de Dios cuenta con la Palabra de Dios, pero ésta no se refiere a toda la Biblia, sino a esos pasajes específicos que surgen para atacar situaciones específicas en la vida diaria. Cuando estudiamos la Biblia vamos almacenando en nuestra mente pasajes que el Espíritu Santo sacará a la luz en momentos de dificultad.
  3. Estar Firmes en los Principios Bíblicos exige de nosotros fijar nuestra mirada sólo en las Escrituras. A estas alturas podría ser redundante tratar este asunto, pero como bien reza el dicho: “Lo que abunda no daña”. Además, si deseamos ser fieles al texto en estudio debemos hacer mención a esto. Si le preguntáramos al texto ¿Firmes y fieles a qué? La respuesta sería: “a las enseñanzas que, oralmente o por carta, les hemos trasmitido”.

    Antes de pensar que hay una referencia a la “tradición” que se trasmite de manera oral, debe ser aclarado que la referencia se hace a aquellas enseñanzas que se dieron en persona por el apóstol, tal como se expresa en 1ra a los Corintios 11:2: “Los elogio porque se acuerdan de mí en todo y retienen las enseñanzas, tal como se las transmití”. Esa trasmisión oral tenía el sello de garantía apostólico, el cual daba veracidad de las palabras dichas por Jesús: “Yo recibí del Señor lo mismo que les trasmití a ustedes…” La idea de “recibir” implica asumir una encomienda, tomar algo que proviene de una relación de confianza.

    Pablo fue garante de la veracidad y autenticidad de aquello que trasmitió a los hermanos por vía oral y por vía epistolar. Recordemos que hasta aquí las Escrituras estaban claramente definidas hasta el Antiguo Testamento, pero el Nuevo Testamento estaba en construcción.

    Los creyentes necesitaban validar las enseñanzas que recibían con lo trasmitido por los Apóstoles de Jesucristo, es decir aquellos que todo cuanto hablaban o escribían estaba centrado a lo vivido al lado de Cristo:

    “Les anunciamos al que existe desde el principio, a quien hemos visto y oído. Lo vimos con nuestros propios ojos y lo tocamos con nuestras propias manos. Él es la Palabra de vida. Él, quien es la vida misma, nos fue revelado, y nosotros lo vimos; y ahora testificamos y anunciamos a ustedes que él es la vida eterna. Estaba con el Padre, y luego nos fue revelado. Escribimos estas cosas, para que ustedes puedan participar plenamente de nuestra alegría.” (1 Juan 1:1-4).

    Para nosotros hoy, el filtro por el que toda enseñanza debe pasar es la Palabra Escrita, pues ahora que tenemos toda la Escritura inspirada, es decir que el canon se ha cerrado, tenemos en la Biblia todo el consejo de Dios que podemos necesitar para vivir en su propósito.

Ante esto podemos establecer algunos principios:

  1. Todo creyente debe estar Firme en los Principios Bíblicos.
  2. El permanecer firmes en los principios Bíblicos nos exige obediencia a ellos. Esto se fundamenta en reconocer su autoridad para someter nuestra voluntad ante ella.
  3. El permanecer firmes en los principios Bíblicos exige de nosotros procurar conocerla profundamente a través de un hábito, disciplinado y propuesto a su aplicación cotidiana.
  4. El permanecer firmes en los principios Bíblicos se centra sólo en las Escrituras. Toda enseñanza que adquirimos debe ser cernida por el tamiz de la Biblia. En ella solamente debemos centrar el curso de nuestra vida.

Preguntas para pensar:

  1. ¿Qué aspectos de nuestra vida debemos considerar para alcanzar el primer valor de la IBNJ: FIRMES EN LOS PRINCIPIOS BÍBLICOS?
  2. ¿Qué aspectos de la autoridad de las Escrituras necesitamos fortalecer para reconocerla y someternos a ella?
  3. ¿Cómo podríamos trazar una estrategia que nos ayude a desarrollar el hábito, la disciplina y la aplicación práctica en el estudio de la Biblia?
  4. ¿Qué áreas de nuestra vida en cuanto a las ideas y al conocimiento adquirido, debemos considerar a la luz de la Escrituras para prevenir ser víctimas del error?
  5. ¿Qué tan dispuestos estamos a asumir el primer valor de nuestra iglesia? FIRMES EN LOS PRINCIPIOS BÍBLICOS

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