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Crecemos juntos

Legado

Desde agosto del 2001, hemos sido testigos de la fidelidad de Dios. Lo que comenzó como un paso de fe, hoy es una familia extendida que ha permanecido firme a través del tiempo. Más que una institución, somos una comunidad con historia, raíces y un futuro prometedor.

2001

Inicio

Un grupo de 30 personas en casa de la Familia Piña Castellano, con apoyo del Pastor Stalin Salinas

2002

Crecimiento

Cambios a espacios más grandes, debido al crecimiento

2005

Consolidación

Llamado pastoral al Pastor Carlos Durán y su familia

2009

Raíces

Establecimiento a San Martín, Caracas

2019

Expansión

Se ampliaron los espacios del local

2021

Fidelidad

Movidos a la iglesia en linea debido a la pandemia mundial

2026

Gratitud

25 años de agradecimiento a Dios

¿En qué creemos?

Creemos en un solo Dios verdadero que se manifiesta en tres personas:

Dios padre

Creador de todo.

El Hijo (Jesucristo)

Nuestro Salvador
y único camino al Padre.

Espíritu Santo

Nuestro consolador y guía.

Pilares

Entendemos que los métodos pueden evolucionar con los tiempos,
pero nuestros principios son eternos e innegociables

Fundamento


Cristo, No hay otro cimiento para nuestra fe y nuestra vida. Todo lo que somos y hacemos descansa sobre la persona de Jesús.

«Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.» —
1 Corintios 3:11

Fuente


La Biblia Es nuestra autoridad final, inspirada por Dios y útil para enseñarnos el camino correcto.

«Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia…» —
2 Timoteo 3:16-17

Foco


La Iglesia Somos la casa de Dios, columna y baluarte de la verdad, y la asamblea que Cristo mismo edifica y que nada podrá detener.

«Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.» –
1 Timoteo 3:14-15

Modelo

Nuestra misión es Evangelizar, Consolidar y Desarrollar.
Vivimos este propósito a través de un modelo práctico y relacional:

Invitar

Creemos que el primer paso es extender la mano. A través de la invitación, compartimos las buenas nuevas y acercamos a las personas al amor de Jesús.
(Evangelizar)

Amistar

La fe crece en comunidad. A través de la amistad genuina, cuidamos a cada persona, afirmamos sus pasos y les brindamos el apoyo necesario para que no caminen solos.
(Consolidar)

Familiarizar

La meta final es la madurez. En el ambiente de familia, equipamos a los creyentes para que descubran sus dones, sirvan y se conviertan en obreros diligentes.
(Desarrollar)

Fundamento Doctrinal

Nuestras convicciones no nacen de tradiciones humanas ni de opiniones pasajeras, sino que descansan firmemente en la revelación que Dios mismo nos dejó en su Palabra. Estas son las 10 verdades que sostienen nuestra identidad y práctica como iglesia:

  • 1. La Biblia: Autoridad absoluta e inerrante Creemos que los 66 libros del Antiguo y Nuevo Testamento son la Palabra viva de Dios. Sostenemos su autoridad total porque no se originó en la voluntad humana, sino que el Espíritu Santo guió sobrenaturalmente a sus autores en cada palabra (inspiración plenaria y verbal), preservándolos de todo error. Por esta razón, es nuestra única regla infalible de fe y conducta. (2 Timoteo 3:16-17; 2 Pedro 1:21).

  • 2. La Trinidad: Un solo Dios en tres Personas Afirmamos que existe un único Dios vivo y verdadero, infinito en su ser y perfección, quien se revela eternamente en tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Sostenemos esta verdad porque la Biblia enseña con claridad que Dios es uno solo, pero al mismo tiempo muestra a las tres Personas poseyendo exactamente la misma naturaleza divina, atributos y dignidad. No creemos en tres dioses separados, ni en un Dios que cambia de «rol» según el momento, sino en una unidad perfecta: el Padre gobierna con propósito, el Hijo redime y el Espíritu Santo regenera y guía. (Deuteronomio 6:4; Mateo 28:19; 2 Corintios 13:14).

  • 3. Dios Padre: Soberano en poder y perfecto en amor Creemos que el carácter de Dios Padre une de forma armónica su grandeza y su bondad. Como Creador y Sustentador, no está limitado por el tiempo (es eterno), no cambia su esencia ni sus promesas (es inmutable), y posee todo el poder, el conocimiento y la presencia en todo lugar (omnipotente, omnisciente y omnipresente). Al mismo tiempo, su naturaleza moral es luz, santidad, verdad, justicia y amor. Porque es perfectamente santo y justo, no puede ignorar el mal; pero porque es rico en amor y misericordia, proveyó en Cristo el camino para perdonarnos y adoptarnos como sus hijos. (Salmo 139:1-12; 1 Juan 4:8-10; Malaquías 3:6).

  • 4. Jesucristo: Único, suficiente y necesario Salvador Creemos que Jesucristo es 100% Dios y 100% hombre. Esta doble naturaleza es indispensable para nuestra salvación: como el pecado creó un abismo insuperable entre Dios y la humanidad, necesitábamos un Mediador que poseyera la plenitud divina para representarnos ante el Padre y que, a la vez, compartiera nuestra naturaleza humana (concebido virginalmente por el Espíritu Santo y viviendo sin pecado) para sustituirnos. Sus milagros confirmaron su identidad mesiánica; su muerte en la cruz fue vicaria (en nuestro lugar) y redentora (satisfizo la justicia divina pagando nuestra culpa); su resurrección corporal venció a la muerte; y hoy intercede a la diestra del Padre hasta su regreso personal en poder y gloria. (Juan 1:1, 14; 1 Timoteo 2:5; 1 Corintios 15:3-4).

  • 5. El Espíritu Santo: Persona divina y motor de una vida santa Creemos que el Espíritu Santo no es una fuerza impersonal ni una energía, sino una Persona divina que posee intelecto, emociones y voluntad, junto con todos los atributos eternos de Dios. Su obra es indispensable: primero, convence al mundo de su pecado, de la justicia de Dios y del juicio venidero para llevarlo a Cristo; segundo, desde el instante mismo de la conversión, viene a morar de forma permanente en cada creyente como sello de salvación, uniéndonos al cuerpo de Cristo, repartiendo dones espirituales y capacitándonos para vencer el pecado y reflejar el carácter de Jesús. (Juan 16:8-11; Efesios 1:13-14; 1 Corintios 12:13).

  • 6. Adoración y Oración: En espíritu, en verdad y en el nombre de Jesús Sostenemos que solo el Dios Trino es digno de recibir adoración pública y privada. Argumentamos que la verdadera adoración va más allá de las formas externas o posturas físicas: debe nacer de un corazón regenerado y arrepentido («en espíritu») y estar alineada con quién es Dios según las Escrituras («en verdad»). Asimismo, dirigimos nuestras oraciones al Padre con la mediación del Espíritu Santo y únicamente en el nombre de Jesucristo, porque es a través de los méritos, el carácter y la autoridad de Cristo que tenemos acceso confiado al trono de Dios. (Juan 4:23-24; Juan 14:13-14; Romanos 8:26-27).

  • 7. La Salvación: Gracia soberana recibida por medio del sacrificio que Cristo hizo en la cruz del calvario. Creemos que ningún ser humano puede salvarse por sus propios méritos u obras; la salvación es un regalo inmerecido que fluye de la pura gracia de Dios.  La Biblia enseña que esta gracia demanda una respuesta consciente del ser humano por medio de la fe (conocer la verdad del evangelio y depositar toda nuestra confianza en lo que Cristo hizo por nosotros en la cruz) y el arrepentimiento (el reconocimiento de nuestra condición de pecado y de nuestra insuficiencia de poder salvarnos a nosotros mismos ). En ese encuentro entre la respuesta humana y la gracia divina, el Espíritu Santo opera la regeneración instantánea, dándonos vida espiritual y haciéndonos nacer de nuevo. (Efesios 2:8-9; Juan 3:3-7; Hechos 2:38).

  • 8. La Iglesia: El cuerpo espiritual de Cristo expresado localmente Creemos que la Iglesia no es un edificio ni una institución humana, sino la comunidad de todos los redimidos que han sido comprados por la sangre de Jesús y unidos por el Espíritu Santo en un solo cuerpo espiritual, del cual Cristo mismo es la única Cabeza y máxima autoridad. Aunque esta Iglesia es universal (abarca a los creyentes de todos los tiempos y naciones), Dios diseñó que tenga su expresión visible, práctica y formativa en cada congregación local, donde nos edificamos mutuamente sobre la doctrina apostólica y anunciamos el evangelio. (Mateo 16:18; Efesios 1:22-23; 1 Corintios 12:12-13).

  • 9. Las Ordenanzas: Bautismo y Cena del Señor Creemos que la bíblia solo establece dos ordenanzas: el Bautismo en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo y la Cena del Señor porque fueron los dos mandatos simbólicos instituidos directamente por Jesucristo para su Iglesia. A diferencia de los «sacramentos», no creemos que estos actos otorguen gracia salvífica ni perdonen pecados, ya que la obra de Cristo en la cruz es 100% suficiente; son actos de obediencia que testifican y fortalecen nuestra fe. El Bautismo en agua es el primer paso que se espera de todo aquel que ha depositados su confianza en Cristo y simboliza públicamente nuestra muerte al pecado y resurrección a una nueva vida en Cristo. La Cena del Señor es un acto que tienes dos símbolos, creemos el pan y el vino son elementos simbólicos que representan el cuerpo y la sangre de Cristo. Lo hacemos para fortalecer la comunión de los santos con la iglesia y para proclamar la muerte de Cristo hasta su pronto regreso. (Mateo 28:19-20; Romanos 6:3-4; 1 Corintios 11:23-26).

  • 10. El Futuro Eterno: La esperanza bienaventurada y el juicio justo Creemos que la historia humana camina hacia el cumplimiento final de las promesas de Dios. Nuestra esperanza segura es que Cristo regresará de manera inminente para arrebatar a su Iglesia: los creyentes que hayan partido resucitarán primero y los que estén vivos serán transformados para vivir eternamente con el Señor, recibiendo recompensas por su fidelidad. Por otro lado, dado que Dios es un Juez perfectamente justo y el mal no puede quedar impune, aquellos que rechazaron la salvación resucitarán para enfrentar el juicio del Gran Trono Blanco y recibir condenación eterna conforme a sus obras. (1 Tesalonicenses 4:16-18; Apocalipsis 20:11-15; Mateo 25:46).