Lee Lucas 17:11-19
En un programa de televisión que trata sobre las luchas de personas que sufren de obesidad mórbida, se presenta la diferencia entre el esfuerzo por un logro puntual y el cambio rotundo de estilo de vida. Aquellos que logran cambiar su manera de ver la comida, que comienzan a responsabilizarse de sus hábitos alimenticios y aprenden a disfrutar lo que es saludable por encima de lo que no lo es, tienen mucha más garantía de éxito que quienes sólo apunta a perder peso para un objetivo específico y poco trascendente. En términos más cercanos, hacer una dieta de veinte días con el objetivo de usar un vestido determinado, para una ocasión especial, sólo nos dará un logro puntual, que seguramente perderemos una vez terminada la ocasión.
Pero, cambiar nuestros hábitos alimenticios por una selección de alimentos más saludables, incluir en nuestra dinámica diaria una rutina de ejercicios, cuidar nuestro consumo de agua y respetar nuestro tiempo de sueño, tal vez no nos permitirá entrar en cierta ropa en veinte días, pero con absoluta seguridad, nos permitirá lograr cambios permanentes que redundarán en nuestra salud, nuestro bienestar, nuestro rendimiento y como un excelente extra, en nuestra apariencia.
En el milagro que consideraremos hoy, nos encontraremos con un contraste tan marcado como el que mencionamos en nuestra introducción. Pues, podremos ver en un grupo de hombres, la diferencia entre un cristiano que persigue un objetivo puntual y un auténtico discípulo de Cristo.
Nuevamente, es Lucas quien nos relata en el capítulo 17, versículos 11 al 19, este encuentro de Jesús con diez hombres cuya condición los había execrado de la sociedad. Lucas, introduce el evento de la siguiente manera:
“Aconteció que caminando hacia Jerusalén, Jesús, pasaba por el límite entre Samaria y Galilea. Y entrando en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se detuvieron a lo lejos, y gritando, decían: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!”
Como ya hemos visto anteriormente, la lepra era una enfermedad común en los tiempos de Cristo. Su condición era terriblemente cruel, ya que el enfermo era considerado ceremonialmente impuro por la ley y todo aquello que estuviera en contacto con él, también quedaba impuro. Así que, eran obligados a salir de sus hogares y a vivir en caminos desiertos.
Mientras el dolor causado por las llagas, que llegaban a desprender la piel hasta dejar expuestos los músculos, se hacía cada vez más insoportable, debían rebajarse hasta la mendicidad, para poder alimentarse de las sobras que algunos les hacían llegar. Además de todo esto, el leproso era responsable de mantener la distancia con cualquier caminante descuidado que pudiera acercarse más de lo que estaba establecido. Y para ello debía continuamente gritar: ¡Inmundo, Inmundo! Identificándose a sí mismo como una persona a quien nadie se debía acercar. La vida de un leproso, era considerada para algunos como la condición más triste y miserable a la que el ser humano podía llegar.
Conociendo los hechos de Jesús, estos diez hombres vieron en Él la única esperanza para salir de su miserable situación. Así que, gritando con todas sus fuerzas trataron de llamar la atención de aquel maestro del que tanto se estaba hablando en toda Judá.
Efectivamente, Jesús atendió a su llamado y los bendijo con sanidad para sus cuerpos. Pero, es en la actitud de estos diez hombres hacia el milagro que recibieron, que podremos ver que:
JESÚS DEMANDA ENTREGA ABSOLUTA DE AQUELLOS QUE DESEAN SER VERDADERAMENTE SUS DISCÍPULOS
Al igual que cuando hablamos del sobre peso, muchas personas están buscando a Jesús, sólo para obtener algún favor de parte de Él, pero cuando son confrontados con su manera de vivir, no manifiestan ningún interés en hacer cambios sustanciales. Estos dedican su vida a buscar sólo lo temporal, aquello que satisface la necesidad del momento, pero se olvidan de lo que es eterno. Lo que sencillamente, permanece para siempre. Y aquí radica la diferencia entre un verdadero discípulo de Cristo y un “cristiano conveniente”.
Veamos en la actitud de uno de estos leprosos, que contrastó con los demás, tres cualidades básicas que todo verdadero discípulo de Jesús debe tener.
La 1ra de estas cualidades es, Una Motivación Adecuada. Notemos que los diez leprosos cuando supieron que Jesús pasaría cerca del lugar donde estaban, estuvieron de acuerdo en salir a su encuentro. Lucas nos relata que gritaban a lo lejos: “¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!”. Hasta aquí, vale la pena destacas que los diez hombres parecían tener la misma motivación. Buscaban a Jesús, quien para ellos era un maestro capaz de actuar con autoridad sobre las enfermedades. Y su objetivo, estaba evidentemente claro. Ellos deseaban que los sanara de su condición que los hacía física y socialmente inmundos.
Una motivación adecuada para buscar a Jesús, debe caracterizarse por el reconocimiento de nuestra insuficiencia y la aceptación de la soberanía de Cristo. Como ya lo hemos visto, la lepra en la Biblia es un símbolo del pecado. La miserable y repulsiva condición a la que sometía a quienes la padecían, es similar a lo que el pecado hace con todos nosotros al separarnos de la gloria de Dios. De un Dios santo. Cristo vino a dar perdón pleno a nuestro problema del pecado, pero debemos llegar a Él, reconociéndonos pecadores y viendo en Él al único que puede limpiarnos.
La 2da cualidad de un verdadero discípulo de Jesús es, Una Convicción Firme. En el versículo 14, Lucas nos relata la respuesta de Jesús: “Cuando los vio les dijo: ¡Id, mostraos a los sacerdotes! Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados.” El Señor usó una manera diferente para sanar a estos leprosos, la cual exigió de ellos altos niveles de convicción, pues ir a los sacerdotes daba la idea de buscar la valoración sanitaria y ritual suficiente para que, tras impuesta una ofrenda, pudieran volver a sus vidas normalmente. El asunto es que, al recibir esta orden de parte del Señor, aun estaban llenos de lepra.
La duda podría hacerlos vacilar y no actuar según la instrucción de Jesús. Después de todo, llegarse ante el sacerdote llenos de lepra podía, además de confirmar su condición, volverlos objetos de burla. Pero el relato es claro al no detenerse a marcar el inicio de su marcha. Sencillamente, nos dice que yendo, fueron limpiados. Es decir, el Señor no había terminado de hablar, cuando estos diez hombres ya habían salido en obediencia a su palabra. Y aquello que tanto anhelaban los alcanzó en el ejercicio de su fe.
Una vez más, debemos decir que los diez hombres manifestaron una convicción firme, pues todos obedecieron la voz del Señor. Cuando buscamos el favor de Jesús, debemos estar dispuestos a creer firmemente, para que esa convicción nos lleve a obedecer sin vacilación alguna. A veces, no disfrutamos de las bendiciones que el Señor desea darnos, porque no nos apropiamos de ellas, actuando como corresponde.
La 3ra cualidad de un verdadero discípulo de Jesús es, Una Entrega Incondicional. Es curioso lo que ocurrió cuando estos leprosos desesperados avanzaban hacia los sacerdotes que validarían su sanidad. Sobreponiéndose al dolor y superando las limitaciones características de la enfermedad, creyeron que lo dicho por Jesús era cierto, antes que se hubiera manifestado. Pero en medio de su caminata, sintieron que sus cuerpos respondían con mayor libertad y que el dolor ya no era un problema. Hasta que, al verse detenidamente, notaron que su piel estaba más limpia y libre de marcas que nunca. No podemos imaginar la alegría que debió embargar a estos hombres, que ahora con más fuerzas corrieron en busca de su certificado de limpieza.
Sólo uno de ellos, que vale la pena destacar, era Samaritano, se devolvió hasta donde estaba el Señor. Veamos el relato según Lucas. Versículos 15 y 16:
“Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, regresó glorificando a Dios a gran voz, y cayó sobre su rostro a sus pies, dándole gracias (y era samaritano).”
Una entrega total, tiene varios elementos que la evidencian, los cuales son fácilmente visibles en la actitud de este samaritano.
Primero, una entrega total expresa un corazón agradecido. Los demás aceptaron el milagro y corrieron a buscar su vida, pero este hombre entendió que no tendría vida de no ser por Jesús, así que volvió a darle las gracias.
Segundo, una entrega total tiene un testimonio conocido. Este hombre en lugar de estar buscando su libertad, llegó ante el Señor gritando alabanzas a su nombre. Todos podían observar que “el leproso samaritano”, estaba alabando el nombre de Jesús sin vergüenza alguna. Desde este momento, todos podrían saber que había sido liberado por Cristo.
Tercero, una entrega total tiene una vida de adoración. Al llegar a Jesús, cayó de rodillas ante Él. Este es la mejor definición de la palabra “Adoración”. Estar postrado en señal de sujeción y entrega total.
Se le atribuye a Albert Einstein la siguiente frase: “El hombre sólo se hace grande, cuando está de rodillas ante su creador”.
Esta actitud de entrega absoluta que diferenció a este hombre de los demás, hizo que obtuviera un galardón mucho más valioso que la salud. Jesús le dijo:
“¡Levántate y vete, tu fe te ha salvado!”.
Muchos cristianos perseguimos aquello que es temporal y nos olvidamos de lo que realmente importa. Lo eterno. Los nueve leprosos, alcanzaron salud, pero un día tuvieron que enfrentar la muerte. Y si no volvieron a Jesús para rendir sus vidas ante Él, entonces experimentaron una terrible pérdida. Vivieron una vida sin lepra, pero hoy enfrentan una eternidad sin Cristo. Su motivación se quedó en lo puntual al igual que sus convicciones, y esto no es suficiente cuando se trata de ser un verdadero discípulo.
REFLEXIONEMOS SOBRE LO ANTERIOR
La pregunta es ¿Qué tipo de seguidor de Cristo eres? ¿Cuáles son tus motivaciones al buscar a Jesús? ¿Está tu convicción centrada en quien es Él o sólo en que puede darte aquello que tanto anhelas? ¿Es Jesús una entrega total para ti o sólo una dieta rápida de religiosidad para alcanzar un objetivo?
OREMOS
Toma un tiempo para presentarte ante el Señor en oración. Te invito a revisar los fundamentos que definen tu relación con Cristo. No te conformes con lo temporal, cuando puedes obtener lo permanente que Él quiere dar a todos cuantos deciden vivir una vida absolutamente rendida a Él.




