DEVOCIONALES

DEVOCIONALES: JESÚS, RESCATE DE LOS LAZOS DEL MALIGNO. #DÍA 23

por | Feb 19, 2026 | En su presencia | 0 Comentarios

Lee Mateo 15: 21-28 y Marcos 7: 24-30

En la infancia, es echado el fundamento de nuestra mentalidad y las bases de nuestra filosofía de la vida. Las experiencias preponderantes y las traumáticas serán determinantes para esto. La familia en que fuimos criados, los grupos religiosos a los que pertenecimos o no, los vecinos entre los que crecimos, las amistades que tuvimos, y otras influencias similares conforman las experiencias preponderantes. Por su parte, las situaciones de abusos, abandono de uno de los padres, pérdidas de seres queridos y otras vivencias impactantes que quedan grabadas en nuestra mente debido a su intensidad, conforman las experiencias traumáticas. Como padres, debemos saber que mucho de lo que demos a nuestros hijos hoy en cuanto a estas experiencias, será determinante para su desarrollo futuro. Como alguien dijo una vez:

“Todas las facturas adquiridas en la infancia, nos serán cobradas en la adultez”.

Este proceso del desarrollo humano, aplica también al área espiritual. Cuando los padres someten a sus hijos a ambientes cargados de espiritismo, ocultismo y otras clases de manifestaciones ocultas, estos crecen siendo más expuestos a ataques de espíritus demoníacos, quienes sintiéndose con autoridad sobre ellos, ejercen perturbaciones de tipo espiritual, emocional, mental y hasta físico. Tal fue el caso de una mujer cananea que se acercó a Jesús pidiendo que tuviera misericordia de su pequeña hija, la cual estaba siendo atormentada por un demonio. La fe de esta mujer fue tal, que causó un grato asombro a Jesús, quien sanó a la niña y nos dejó un ejemplo de cómo la misericordia de Dios viene de los judíos, pero se extiende a todo el mundo. El ministerio de Jesús estaba ya en su etapa crucial, y los ánimos en Galilea en torno a su persona, estaban tomando un rumbo distinto al trazado por el Padre. Los fariseos lo perseguían para matarlo por hereje, el pueblo lo perseguía para hacerlo rey y Herodes, después de la muerte de Juan el Bautista, lo veía como un enemigo público. Así que, para bajar un poco la presión en torno a su persona, para tener la calma, que de seguro en Galilea no conseguirían, para continuar la instrucción de los discípulos y para descansar, Jesús y los doce emprendieron un largo viaje, hasta la región de Tiro y Sidón, en Fenicia. Los evangelistas Mateo, en el capítulo 15, versículos 21-28 y Marcos, en el capítulo 7, versículos 24-30, nos narran este encuentro.

CONVERSEMOS SOBRE EL EVENTO

Mateo nos comenta que, llegado al lugar, le salió al encuentro una mujer “cananea”. En realidad, como lo aclara Marcos, la mujer era “sirofenicia”, pero los judíos llamaban a los habitantes de aquella región “cananeos”, haciendo alusión a aquellos pueblos originales que habitaron esas tierras y fueron sacados en la conquista bajo el mando de Josué. Para Israel, esta región representaba a un enemigo histórico, además de ser poblada por gentiles. Marcos, no sólo identifica la nacionalidad de la mujer, sino que también la señala como “griega”, una manera de hablarnos de su cultura, la cual era totalmente pagana. Los fenicios eran idólatras. Adoraban a Baal quien era su dios principal y los ritos que usaban para su adoración estaban cargados de inmoralidad sexual, excesos y sacrificios, no sólo de animales, sino también de niños, especialmente en la región de Tiro, como lo denunció Jeremías (32:35). Así que, al describirnos a esta mujer como “griega”, se nos hace entender que todos estos ritos eran parte de sus prácticas religiosas. Mateo, en el versículo 22, nos presenta el encuentro de esta mujer con el Señor de la siguiente manera:

“Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquellos confines, clamaba diciendo: ¡Ten compasión de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está horriblemente endemoniada.”

Marcos, utiliza un término para referirse a la niña, que debe ser interpretado como “hijita pequeña”. Se trataba de una niña que estaba bajo una terrible posesión. Pero en la insistencia de esta madre, cuya fe no tenía un trasfondo como el de los judíos, podremos ver que:

JESÚS TIENE TOTAL AUTORIDAD PARA ROMPER TODO LAZO DEL MALIGNO CON EL HAYAMOS SIDO ATADOS.

Ciertamente, ninguno de los evangelistas nos dice de manera clara, cuál fue la causa que llevó a la niña a estar poseída por un demonio. Pero sin lugar a dudas, el ambiente cargado de idolatría, de excesos y hasta de sacrificios humanos que envolvía estas culturas, fueron elementos determinantes para que la mesa estuviera servida. Algunos escritos judíos del primer siglo, señalan que en las poblaciones gentiles, ofrecían a sus hijos a Baal, bien sea para su servicio o como sacrificio. Estos niños llegaban a experimentar grandes tormentos por parte de demonios. En la experiencia actual, también es notorio esta dinámica. El Dr. Merrill Unger, en su libro “Los Demonios y el Mundo Moderno”, comenta lo siguiente: “La experiencia ha demostrado que la incursión en el ocultismo a menudo resulta en una opresión o sentimientos demoníacos que a veces afecta hasta la tercera o cuarta generación.” En el libro de Levítico, nos encontramos con el siguiente mandamiento:

“No profanarás el nombre de tu Dios, entregando a tus hijos para que sean quemados como sacrificio a Moloc. Yo soy el SEÑOR.”  (Levítico 18:21)

Moloc, era el dios cananeo al cual se le ofrecían niños en sacrificio. Más adelante, Baal asumió la posición de deidad principal en esta región. Pero notemos aquí, que hay una prohibición expresa por parte de Dios, al hecho de ofrecer a nuestros niños ante ídolos que resultan ser demonios disfrazados. Hoy, tal vez no se hable de ofrecer en sacrificio a nuestros hijos, pero al entregarlos a ritos espiritistas, someterlos a promesas hechas a imágenes y guiarlos hacia cualquier enseñanza oculta, es someterlos a experiencias traumáticas que serán determinantes en su salud espiritual y mental el día de mañana. Jesús nos enseña un camino diferente, el cual se corresponde efectivamente con la actitud de esta mujer sirofenicia. En Mateo 19:14, se nos dice lo siguiente:

“Jesús dijo: «Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos.»”

El término “impedir, da la idea de serles de estorbo, prohibirles o colocar algún obstáculo en el camino. Cuando llenamos las vidas inocentes de nuestros hijos con ritualismos o con ideologías que vienen de Satanás, entonces estamos permitiendo que su camino a Jesús sea estorbado por estos espíritus inmundos. La mujer que se acercó a Jesús, nos muestras dos principios que deben ser considerados por todos aquellos que desean despejar el camino de sus hijos a Cristo. Éstos aplican aun si, al igual que ella, hemos cometido el terrible error de entregarle a Satanás control sobre nuestros hijos.        El 1er principio es, El Principio de la Intercesión. Debemos llevar persistentemente a nuestros hijos ante Jesús en oración. No podemos desmayar, no debemos bajar la guardia, no debemos dormirnos. Hay una vida que resguardar y la única manera de hacerlo es de rodillas ante el Señor. Mateo nos dice que la mujer sirofenicia:

“…clamaba diciendo: ¡Ten compasión de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está horriblemente endemoniada.”

El término “clamar” usado por Mateo, da la idea de gritar desesperadamente. Esto lo hizo por tan largo rato que los discípulos le pidieron al Señor que la atendiera, porque los tenía agotados. Lo otro que vale la pena destacar es que esta mujer pedía misericordia para ella, aun cuando la que tenía el problema era su hija. Esto nos habla de la identificación que tenía esta mujer con el sufrimiento de su pequeña. Marcos, nos da un detalle más de este cuadro al decirnos que aquella madre “fue y se postró a sus pies” (los de Jesús). Tenemos aquí tres claves para una intercesión efectiva:

  1. Oremos persistentemente por nuestros hijos,
  2. Apropiémonos de sus necesidades, identificándonos con ellas y
  3. Caigamos de rodillas ante el Señor, llevando a nuestros hijos a su presencia.

Independientemente de la educación que les estemos dando o le hayamos dado, nuestros hijos están bajo ataque. Si deseamos mantenerlos libres de ataduras satánicas, necesitamos caer de rodillas ante el Señor, para clamar ardientemente por sus vidas. El 2do principio es, El Principio del Modelaje. No podemos llevar a nuestros hijos a Jesús, si antes no hemos llegado nosotros ante Él. Esta mujer comienza llamando a Jesús, Hijo de David. De seguro tenía algún conocimiento de su condición mesiánica, pero por tratarse de una mujer no judía, simplemente estaba haciendo alusión a su posición como maestro. Pero, sea cual fuere el concepto que tuviera del Señor, resulta impactante la manera como reaccionó a su respuesta:

“Jesús le dijo: Deja que primero se sacien los hijos, porque no está bien quitar el pan de los hijos y echarlo a los perros. Pero ella respondió diciendo: Señor, también los perros debajo de la mesa comen de las migajas de los hijos. Y le dijo: Por esta respuesta, anda, el demonio ha salido de tu hija.” (Mateo 15: 27-29) 

El Señor, le hace entender que aun el tiempo de los gentiles no ha llegado, así que usa como ilustración una casa en la que el dueño tiene un perrito que es parte de la familia, pero aunque sea considerado de la familia, no se sienta a la mesa con la familia. En esta ilustración, Jesús es el dueño de la casa, los hijos son los judíos y los gentiles estos cachorritos. Los judíos llamaban a los gentiles perros carroñeros, pero Jesús nos la llamó así. La mujer entiende el planteamiento y en su respuesta le hace ver, que los cachorros también pertenecen al mismo dueño, así que pueden comer de lo que sale de la mesa así sea por migajas. Esta mujer, aceptó un llamado temprano a pertenecer a la familia de Dios. Entendió, que sólo una migaja de su misericordia, sería suficiente para ella y para su hija. ¡Y así fue! En Cristo todos (judíos y no judíos), hemos recibido el espíritu de adopción (Romanos 8:15). Llegar ante Jesús, depositando nuestra confianza en Él y reconociéndolo como nuestro Señor y salvador nos da el derecho pleno de ser llamados hijos de Dios (Juan 1:12). Este es el ejemplo que nuestros hijos necesitan ver de nosotros.

REFLEXIONEMOS SOBRE LO ANTERIOR

La pregunta es ¿Hemos sido de estorbo para que nuestros hijos tengan un encuentro real con Jesús? Aun si fuimos un instrumento de satanás, para que nuestros hijos hoy estén bajo el control del maligno, podemos llevarlos en oración ante el Señor, doblando nuestras rodillas hasta que su misericordia nos alcance.

OREMOS

Toma un tiempo para presentarte ante el Señor en oración. Te animo a llevar tu vida, la de tus hijos y las de tus nietos, si los tienes, ante la presencia del Señor cada día. Sé el intercesor que ellos necesitan y sírveles de modelo para que puedan ver en ti el camino que los conduzca a Cristo.

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