Lee Mateo 14:22-33; Marcos 6:45-52 y Juan 6:14-21.
Uno de los errores más comunes de aquellos que se inician en las carreras de largas distancias, es correr con la cabeza gacha. Es decir, correr no mirando al frente, sino hacia el suelo. Cuando este error postural es corregido, entonces la respiración mejora, el rendimiento mejora y hasta la actitud con la que se enfrentan las largas distancias, mejora. En el milagro que consideraremos hoy, avanzar con la cabeza gacha, fue un error mucho más problemático que el que pudiera experimentar un corredor aficionado.
Justo después de la alimentación de la multitud que siguió a Jesús hasta el otro lado del mar de Galilea, éstos trataron de hacerlo rey, pero el Señor conociendo sus intenciones, apuró a los discípulos a subir al barco para que pasarán hasta el otro lado del lago, mientras Él despedía a la muchedumbre. Una vez hecho esto, subió a un monte cercano para orar a solas.
Este evento es narrado en Mateo 14:22-33; Marcos 6:45-52 y Juan 6:14-21. Pero es Mateo quien nos describe los hechos de la siguiente manera:
“Al anochecer, estaba allí Él sólo y la barca ya estaba bastante lejos de la tierra, zarandeada por las olas, porque el viento le era contrario.” (Versículos 23 y 24)
CONVERSEMOS SOBRE EL EVENTO
A pesar de la experiencia en navegación que algunos de los discípulos tenían, al caer la noche los terribles vientos característicos del mar de Galilea los sorprendieron. El término “zarandear” utilizado por Mateo, da la idea de ser atormentados, tal como los demonio hacían con aquellos a quienes poseían. La intención de usar esta palabra es dejar claro que el rumbo de la embarcación ya no estaba bajo el control de ellos, sino de los grandes vientos que se levantaban sobre el mar.
Además de ilustrar de manera muy gráfica el tormento al que estaban siendo sometidos cada vez que su nave era alzada por las olas y golpeada contra la superficie del lago. Por su parte, Marcos nos da una visión de los discípulos en medio de esta terrible lucha que los tomó por sorpresa. En el versículo 48 leemos:
“Jesús los vio remar con gran fatiga, porque el viento era contrario. Y cerca de la cuarta vigilia de la noche, fue a ellos andando sobre el mar”
Desde la perspectiva de Marcos, el agotamiento producto de la lucha los había llevado hasta el punto de sentirse desfallecer. El asunto es que habían estado batallando contra aquel viento, desde las seis o siete de la noche, hasta por lo menos las tres de la mañana.
Lo suficiente para que hubieran agotado todos los recursos, todas las ideas, todas las fuerzas y toda la esperanza de salir con vida. Pero Jesús, que los veía desde el lugar en el que estaba, vino hasta ellos caminando sobre el mar, para poner en orden los vientos y calmar la situación. Dejando claro con esta señal milagrosa que:
JESÚS, ES AUXILIO OPORUNO EN MEDIO DE LAS TORMENTAS INESPERADAS DE LA VIDA
En la vida podemos tener momentos de calma, pero nada nos garantiza que éstos no serán interrumpidos por vientos repentinos, que azotándonos hagan tambalear nuestra estabilidad espiritual, emocional y física.
Por lo cual, debemos observar en este evento tres principios que nos ayudarán a mantener el enfoque adecuado en medio de las tormentas que debamos enfrentar.
El 1ro de estos principio lo llamaremos El Principio de Soberanía. Jesús tiene control y total autoridad sobre toda tormenta que enfrentemos en la vida. El versículo 48 de Marcos 6, nos señala que “Jesús los vio remar con fatiga…” El término “ver” usado aquí, implica una observación racional de aquello que está sucediendo.
Ciertamente no nos permite saber si se refiere a una visión espiritual o física, pero sí es claro en cuanto al interés y la consideración especial que Jesús tenía sobre lo que estaban experimentando sus discípulos. Durante las horas que ellos estuvieron luchando, Jesús los estuvo observando y se mantuvo orando.
Y llegado el momento oportuno, “Jesús vino a ellos caminando sobre el mar.” Esto nos muestra su oportuna misericordia y su soberano poder. En medio nuestras pruebas, cuando atravesemos por momentos de terrible adversidad, nunca dudemos que Jesús, sigue teniendo el control y que su autoridad sigue estando intacta.
El 2do principio lo llamaremos El Principio de Superioridad. Cuando nuestra mirada se mantiene fija en Jesús, podemos caminar por encima de cualquier tormenta. Los discípulos, al ver a Jesús caminar sobre el mar tuvieron miedo, porque creyeron que se trataba de un fantasma. Pero Pedro al oír su voz, pidió la prueba más osada y descabellada que se le pudo ocurrir. Mateo nos relata en los versículos 28 al 30 la escena:
“—Señor, si eres tú —respondió Pedro—, mándame que vaya a ti sobre el agua. —Ven —dijo Jesús. Pedro bajó de la barca y caminó sobre el agua en dirección a Jesús. Pero al sentir el viento fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse.”
A pesar de ser un nadador experimentado, aquella aterradora experiencia lo llevó a gritar, “¡Señor, Sálvame!” Cuando nuestra mirada está en aquello que nos perturba, de muy poco valdrán nuestras capacidades. Los vientos y las olas tarde o temprano mermarán nuestras fuerzas y con ellas nuestra oportunidad de vencer. Mantener nuestra mirada en Jesús, nos hará caminar por encima de las circunstancias, nuestro enfoque se centrará en su poder y nuestra victoria descansará en su autoridad.
Y el 3er principio lo llamaremos, El Principio de Seguridad. No hay tormenta, por fuerte y devastadora que sea, que pueda resistirse a la presencia de Jesús. Es interesante que en esta ocasión, el Señor no dijo nada a la tormenta. Sólo se subió a la barca y ésta se calmó. Juan, nos dice que tan pronto como subió a bordo, “…enseguida la barca llegó a la orilla donde se dirigían.”
Es decir, ahora el viento se puso a favor. El asunto es que Jesús está por encima de cualquier tormenta que pueda levantarse en nuestra contra. Su poder y autoridad puede disipar todo el terror con que la adversidad pretenda desestabilizarnos y su poder puede hacer que lo que hoy es contrario, mañana sirva para nuestro bien.
REFLEXIONEMOS SOBRE LO ANTERIOR
¿Está tu mirada en el poder de Jesús o centrada en las olas que se levantan a tu alrededor? Si tus fuerzas, tus recursos y tu esperanza se han agotado, entonces necesitas dejar de mirar las circunstancias, para fijar toda tu atención en Jesús.
OREMOS
Toma un tiempo para presentarte ante el Señor en oración. Te invito a orar pidiéndole al Señor que te ayude a cambiar tu enfoque en medio de las pruebas que estas enfrentando. Él conoce tu situación y tiene el control; Él tiene el poder para hacerte caminar por encima de las circunstancias, pues no hay ninguna tormenta que pueda resistirse a su presencia.




