Lee Lucas 11:14-28
En una historieta de Quino, Mafalda se encuentra muy reflexiva sentada frente a un televisor desconectado. Su padre al pasar la mira muy enfocada en aquella pantalla y le pregunta: “Pero… ¿Qué haces aquí con el televisor desenchufado?” A lo que Mafalda le responde: “¡Pensar! Alguna vez quería darme el gusto de poder pensar mientras estoy sentada mirándolo.” Tal vez hoy podríamos sumar otros aparatos electrónicos al televisor de Mafalda.
Ciertamente, los medios de comunicación se han convertido en una fuente de distorsión de los valores y de la moral. A través de ellos, Satanás ha tratado de inocular al mundo en que vivimos, una manera de ver la vida sin la luz de Cristo. Y debemos reconocer que, tal vez sin notarlo, hemos aceptado como válida cierta clasificación de la inmoralidad, bajo el título de “solo para adultos”. Así tenemos películas solo para adultos, bebidas solo para adultos, páginas solo para adultos, publicaciones solo para adultos y hasta conversaciones solo para adultos. Tal vez esta es la razón por la que el Señor nos anima a ser como niños.
El Dr. Neil Anderson en su libro, “Venzamos esa Conducta Adictiva”, se refiere a este tema de la siguiente manera: “El concepto de «sólo para adultos» no tiene sentido. Implica que hay una norma moral para los adultos y otra para los niños. La pornografía es perjudicial a cualquier edad. Si es malo para un niño beber alcohol, ¿por qué va a ser bueno para los adultos? ¿A qué edad se vuelve bueno?”
El asunto es, que lo queramos o no, hemos estado cediendo terreno a la filosofía demoníaca que rige al mundo de hoy, desconectando nuestro cerebro ante ciertas ideologías que nos abren el paso, a través de los medios, al universo de lo normal.
Al considerar los milagros de Jesús en los que liberó a tantas personas de tormentos causados por espíritus demoníacos, debemos entender que en la actualidad estamos tan expuestos como en aquellos tiempos, a los ataques del reino de las tinieblas.
Hoy, para cerrar el tema de la autoridad que ejerce Jesús sobre Satanás y sus demonios, el cual resulta tan alarmante como fascinante, revisaremos en la respuesta de Jesús a los ataques de los líderes religiosos de la época, algunos principios relacionados con este mundo de oscuridad y los peligros que supone para nosotros hoy.
CONVERSEMOS SOBRE EL EVENTO
Cuando el Señor sanó a un endemoniado mudo, cuyo caso no es relatado sino solamente mencionado, ante el asombro que aquel acto causó en la multitud presente, los escribas y fariseos lanzaron una acusación en contra del Señor. Lucas 11:15 nos dice:
“Pero algunos de ellos dijeron: Éste no echa fuera demonios sino por Beelzebul, príncipe de los demonios.”
Con esto quisieron contrarrestar la idea que se estaba gestando entre las personas, que al contemplar el milagro, se preguntaron si Jesús sería el Hijo de Dios. Lo que aquellos líderes religiosos estaban presumiendo es que, no era el Hijo de Dios, sino hijo del mismo Satanás. El Señor para responder a esta acusación da tres argumentos que vale la pena analizar uno a uno, porque en ellos podremos observar que:
JESÚS EN LA VIDA DE UNA PERSONA, ES EL ARMA MÁS PODEROSA PARA AHUYENTAR A SATANÁS
El primer argumento de Jesús lo hallamos en los versículos 25-26
“Pero Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo es asolado, y casa contra casa cae. Y si Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo se sostendrá su reino? pues decís que por Beelzebul echo Yo fuera los demonios”.
Tenemos ante nosotros lo que llamaremos El Principio de la Unidad. Todos los recursos de Satanás tienen el propósito de evitar que veamos la luz de Jesús. Satanás no lucha contra sí mismo. Él construye su malévolo plan con todo lo que hace. Las ideologías, las distintas filosofías, los conceptos del mundo en que vivimos y hasta los movimientos religiosos, tienen el objetivo de desviar nuestra mirada de Cristo. Satanás está tan claro de su propósito que ha usado hasta la fe de las personas para llevarlo a cabo.
Cuando la gran multitud que seguía a Jesús, miraba en Él al Mesías prometido, los escribas y fariseos, es decir, los líderes religiosos, generaron una duda en el corazón de estos. Satanás no sólo practica una perfecta unidad con sus ejércitos demoníacos, sino que además los dirige hacia un objetivo claramente trazado.
En la actualidad, debemos tener especial cuidado con algunas propuestas que pretenden sanar las heridas causadas por situaciones de las que Satanás ha sacado provecho, con ideas y actos que tienen un mismo punto de partida. Es decir, la brujería es satánica y no puede ser combatida con más idolatría, sino con la autoridad de Cristo. Las heridas emocionales que abandonos, abusos, desprecios y maltratos dejaron en nuestra vida, son usados por Satanás para mantenernos atormentados. Pero el rencor, la venganza, el dañarnos a nosotros mismos y hasta el suicidio, son alternativas satánicas que no sanarán en lo absoluto nuestras heridas. Necesitamos la autoridad de Cristo en nuestra vida. Él es el único que puede deshacer las obras de las tinieblas.
El 2do argumento de Jesús lo hallamos en los versículos 21 y 22
“Cuando el fuerte, bien armado, defiende su propio palacio, lo que posee está en paz, pero si llega uno más fuerte que él y lo vence, le quita su armadura en la cual confiaba, y reparte sus despojos.”
Para refutar el mismo ataque de los líderes religiosos en cuanto a que Jesús recibía su poder directamente del Diablo, el Señor nos muestra con este segundo argumento lo que llamaremos El principio de Fortaleza. Satanás es un enemigo poderoso fuertemente equipado que no cederá el terreno que ha ganado en nuestra vida sin luchar. Es por esta razón, que para hacerlo retroceder tiene que venir uno más poderoso que él, quien lo ate y lo despoje de todo cuanto tiene agarrado.
El término fuerte usado por Lucas, se refiere a alguien sumamente poderoso y grande, que además está bien armado y custodia continuamente su palacio. La idea sugiere que Satanás es ese hombre poderoso, fuerte y perfectamente equipado, que al tomar control de nuestra vida se apropia de ella como un preciado tesoro. Es una victoria para el mundo de la oscuridad, cuando una persona está sometida ante sus artimañas.
En la primera carta de Juan, capítulo 5, versículo 19, se nos dice lo siguiente:
“Sabemos que procedemos de Dios, y el mundo entero yace bajo el dominio del maligno.”
La idea aquí es, que quien ha depositado su confianza en Cristo está amparado por Él, pero la filosofía de este mundo, sus ideologías y sus conceptos han hecho que la humanidad permanezca pisada bajo los pies del maligno.
Volviendo a la idea de Lucas, Satanás tendrá el control sobre nuestra vida, hasta que permitamos que Jesús venga a ella. En ese momento, Cristo que es más poderoso y más grande, lo vence, lo despoja de todas las armas en las que había confiado y le quita todo aquello que tenía bajo su posesión. No se está describiendo aquí, una batalla campal, en la que los dos poderes se enfrentar en una lucha a muerte. El hombre “más fuerte” mencionado de la ilustración, no lucha, simplemente vence al “fuerte” y lo despoja de sus armas. Es decir, aquello con lo que nos estuvo atormentando, ya no estará más en sus manos.
Ahora comparemos esto con lo que Pablo le escribió a los Colosenses, en el capítulo 2, versículo 15:
“Dios despojó de su poder a los seres espirituales que tienen potencia y autoridad, y por medio de Cristo los humilló públicamente llevándolos como prisioneros en su desfile victorioso.”
Esto ocurrió en la cruz. Cuando Cristo murió por nuestros pecados, entonces todo poder de Satanás y su ejército de demonios fue sometido bajo su autoridad. Seguir viviendo esclavizados al poder de las tinieblas es desconocer que nuestra liberación tiene el sello de garantía “del más fuerte.”
El 3er argumento de Jesús, lo hallamos en los versículos 24 al 26
“Cuando un espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos buscando reposo; y al no hallarlo, dice: Regresaré a mi casa de donde salí. Y al regresar, la halla barrida y adornada. Entonces va y toma consigo otros siete peores que él mismo y, entrando, habitan allí, y lo postrero de aquel hombre llega a ser peor que lo primero.”
En este tercer argumento tenemos lo que llamaremos, El Principio de Plenitud. Si Jesús no nos llena por entero, entonces Satanás tratará de sacar provecho a los vacíos de nuestra vida. Tenemos en esta idea, una enseñanza en la que el Señor desea llamar la atención de los oyentes, hacia la hipocresía de los líderes religiosos que representan, en cierto sentido, al pueblo de Israel.
Aquel hombre atormentado por un demonio, es la nación de Israel; el demonio hace referencia a una ideología satánica con la que Israel lucho por años. La idolatría. Desde su cautividad en Egipto, hasta su cautividad en Babilonia, la idolatría fue un mal a través del cual Satanás oprimió al pueblo de Israel desde adentro.
En el sufrimiento que trajo el cautiverio, los profetas de Dios llevaron al pueblo a un arrepentimiento y lograron sacar este mal de su vida. Arrogantes por haberse librado de la idolatría, no buscaron refugio en el Señor, tanto que Jesús el Mesías estaba frente a ellos y no fueron capaces de reconocerlo. En lugar de esto, llenaron a Israel de religiosidad, de leyes y de mandamientos de hombres. Y el espíritu que volvió con siete peores, se refiere a que al no llenar la casa con la presencia del Señor, todo lo que pusieron dentro sirvió la mesa para que otras cualidades diabólicas pudieran aflorar. La arrogancia, la indolencia, la hipocresía, la incredulidad y otras cosas semejantes. El número siete, es símbolo de plenitud y se usa aquí para referirse a que serían víctimas de cualquier influencia del maligno, por no haber llenado su casa de la presencia de Dios.
Un arrepentimiento pasajero y circunstancial, deja al hombre como una casa vacía. Tratar de adornarla con cristianismo aparente, sólo servirá la mesa para que Satanás saque provecho de nuestros vacíos espirituales. Este tipo de exposición es peligrosa. Debemos recordar siempre que la presencia de Cristo llenando la vida de una persona, es el arma más poderosa para ahuyentar a Satanás.
REFLEXIONEMOS SOBRE LO ANTERIOR
La pregunta es ¿De qué está llena tu vida? No podemos engañarnos a nosotros mismos, Satanás no se divide, así que no encontraremos fuera de Jesús ningún refugio contra sus asechanzas. Jesús es aquel hombre más fuerte y si nuestra vida está llena de Él, no habrá nada ni nadie que pueda perturbarnos.
OREMOS
Toma un tiempo para presentarte ante el Señor en oración. Entrégale en absoluta humildad aquello que te ha herido, aquello que te molesta, aquello que te perturba y aquello que no te permite avanzar. Y descansa en las manos del todo poderoso, pues de allí nadie te podrá arrebatar.




