DEVOCIONALES

DEVOCIONALES: JESÚS, EJEMPLO EN LA AGONÍA #DÍA 29

por | Mar 3, 2026 | En su presencia | 0 Comentarios

Lee Mateo 26:36-46; Marcos 14:32-42; Lucas 22:39-46 y Juan 18:1

El Dr. Tim LaHaye, en su libro, “Cómo Vencer la Depresión”, comenta lo siguiente, refiriéndose a las fluctuaciones del ánimo:

“Al aconsejar matrimonios siempre les advierto que no deben discutir nada que sea negativo, particularmente de problemas financieros de la familia, después de las nueve y media de la noche. Es increíble cómo los problemas se agigantan cuando estamos cansados”. 

Todos estamos expuestos a ser atacados por situaciones que nos desajustan emocionalmente y cuando intentamos tratar estas situaciones sin las condiciones adecuadas, pudiéramos, en lugar de gestionarlas apropiadamente, hacerlas sencillamente incontrolables.

Cuando el ministerio terrenal de Jesús estaba llegando a su fin, el trabajo se hizo más intenso, los ataques más frontales y el conocimiento pleno de lo que estaba por venir mucho más tangible. Todo esto efectivamente hizo que el Señor, y sus discípulos también, llegaran a esta etapa del camino con un desgaste emocional sumamente marcado.

De esta manera centraremos el milagro de hoy, a lo ocurrido en el huerto de Getsemaní, donde podremos ver en Jesús un ejemplo que nos mostrará la manera adecuada de actuar, cuando nuestras emociones están siendo atacadas por distintas circunstancias.

CONVERSEMOS SOBRE EL EVENTO

El último día del ministerio terrenal de Jesús, arranca con una madrugada terriblemente agónica. Luego de compartir la cena pascual de ese año con sus discípulos, cantaron el himno final que estaba compuesto por los salmos 115 al 118.

Una vez despedida la reunión, fueron a un huerto cercano que quedaba al pie del Monte de los Olivos. Aquella expresión que tantas veces pronunció durante su ministerio terrenal, por fin había llegado. La frase, “mi hora”, que en boca de Jesús simbolizaba la consumación del propósito de su vida, ya estaba frente a Él.

En aquel momento, varios elementos que integraban aquella hora, daban vueltas sobre la cabeza de nuestro salvador, llevándolo a sentir una conmoción emocional cual nadie ha sentido jamás. El feroz ataque que lanzaría el mundo de las tinieblas, el abandono de sus discípulos, el vergonzoso juicio que tendría que enfrentar, el espantoso castigo bajo el látigo romano, el desprecio de su pueblo y finalmente la cruenta muerte en la cruz, eran factores que podrían alterar las emociones de cualquiera. 

Pero nada de lo anterior, podría ser comparable con la ira de Dios que habría de derramarse sobre aquel, que por amor estaba dispuesto a morir por los pecados de todo el mundo, recibiendo en sí mismo todo el peso de la justicia de Dios.

Los cuatro evangelistas vuelven a coincidir en este relato, aunque Juan sólo lo menciona en el capítulo 18, versículo 1; por su parte Mateo 26:36-46; Marcos 14:32-42 y Lucas 22:39-46, nos dan más detalles de lo ocurrido en aquel huerto.

Al llegar, Jesús le pide a sus discípulos que se queden orando en la entrada y se lleva con Él a Pedro, a Jacobo y a Juan un poco más arriba. Tanto Mateo como Marcos, nos comentan en los versículos 37 y 33 respectivamente, que Jesús comenzó a ser invadido por emociones encontradas.

Una sensación de angustia y un terror profundo llenó su corazón en aquel momento. Y le pidió a sus tres discípulos más cercanos, “espérenme aquí y permanezcan despiertos.” La idea implica, manténganse alerta orando. Y se separó un poco de ellos para orar a solas.

La manera como el Señor enfrentó este momento de tanta exigencia emocional, nos enseña que:

JESÚS ES NUESTRO MÁXIMO EJEMPLO, DE CÓMO ACTUAR EN MEDIO DE LA ANGUSTIA

La agonía de Jesús en el Getsemaní, nos permite ver dos principios que deben ser aplicados en momentos de angustia, si se desea salir airoso de ellos.

El 1er principio es, El Principio de la Amistad. Buscar a personas cercanas que puedan respaldarnos en los momentos de agonía, harán más simple nuestro avance a través de ellos.

Notemos la dinámica. El Señor tomó a los ocho y los dejó en la entrada del huerto orando. Lucas versículo 40, nos señala que la instrucción de “velar y orar para que no entren en tentación, fue dada a todos. Pero en la puerta sólo quedaron ocho. Ellos, no conocieron algunos detalles acerca del momento emocional que el Señor estaba viviendo, pero estaban allí para respaldarlo en oración.

Luego, Jesús se llevó aparte a Pedro, a Jacobo y a Juan. A ellos les manifestó sus emociones más profundas y les pidió que se quedaran orando y velando. Y más adelante Él mismo se postró a enfrentar su lucha.

Ciertamente, podríamos criticar a los tres discípulos íntimos por no haber podido estar velando toda aquella hora con el Señor, pero ellos debido a la cercanía que tenían con Él, también estaban siendo fuertemente atacados en sus emociones, tal como lo expresa Lucas versículo 45, al aclarar que “estaban dormidos por la tristeza. Debemos saber que una señal característica de una profunda depresión, es un sueño incontrolable.

De cualquier manera, siempre rodearnos de personas que puedan servirnos de apoyo en oración, es una idea maravillosa. Estos son soportes que nos ayudarán a mantenernos firmes cuando nuestras emociones y nuestro porvenir estén bajo ataque.

El 2do principio es, El Principio de Adoración. Buscar a Dios en lo íntimo, es la fuente de fortaleza más segura a la que podemos acudir en momentos de profunda angustia.

El huerto de Getsemaní, era un lugar al que Jesús acudía con frecuencia cuando estaba en Jerusalén. Tanto, que cuando Judas fue a buscarlo con los soldados del templo y los otorgados por el procurador romano, sabía perfectamente dónde buscarlo.

Al llegar al lugar del huerto, donde solía buscar el rostro del Padre siempre que estaba en Jerusalén, Jesús cayó de rodillas y oró:

“«Abba, Padre —clamó—, todo es posible para ti. Te pido que quites esta copa de sufrimiento de mí. Sin embargo, quiero que se haga tu voluntad, no la mía».” (Mar.14:36)

Adorar a Dios en medio de la angustia, nos lleva a caer de rodillas ante su presencia. Nos permite derramar nuestro corazón ante su realidad y nos conduce a ajustar nuestra obediencia a su voluntad.

Mateo, nos dice que cayó de rodillas con el rostro en el piso, lo cual indica, además de sumisión, una profunda incapacidad de seguir avanzando en medio de la angustia.

En su humanidad, el Señor expresó aquello que había en su corazón: “Te pido que quites esta copa de sufrimiento de mí.” Él sabía que enfrentaría la justicia de Dios y esto era el fundamento de la angustia que lo estaba atormentado en aquella hora.

Y finalmente, también vemos en ese momento de adoración, que una vez expresado sus sentimientos más profundos, la obediencia de Jesús comenzó a alinearse con la voluntad del Padre. Su oración terminó con la frase: “Sin embargo, quiero que se haga tu voluntad, no la mía».”

El Señor se apartó en tres oportunidades. No podemos saber cuánto tiempo tardó en cada una de ellas, pero sabemos por la descripción que nos hace Lucas, que fue un tiempo sumamente intenso. En el versículo 44, nos dice:

“En esto se le apareció un ángel del cielo, para darle fuerzas. En medio de su gran sufrimiento, Jesús oraba aún más intensamente, y el sudor le caía a tierra como grandes gotas de sangre.”

El momento fue intenso. W. Vine, en su diccionario expositivo, traduce el término “sufrimiento” usado aquí, como una extrema tensión emocional y angustia, tanto que sus poros se abrieron permitiendo la salida de un sudor sanguinolento. Por lo que en ese momento un ángel del cielo lo llenó de fuerzas, para poder vencer el terrible ataque que estaba recibiendo.

En nuestros momentos de angustia y ansiedad, debemos buscar sin dilación la presencia del Señor en lo íntimo. Allí hallaremos la fuerza que necesitamos, para que nuestra obediencia se ajuste con su voluntad.

REFLEXIONEMOS SOBRE LO ANTERIOR

La pregunta es ¿Estás atravesando por momento llenos de angustia y confusión, como los que Jesús vivió en el Getsemaní? Entonces necesitas apoyarte en aquellas personas que el Señor ha puesto a tu lado, para que no estés solo al atravesar esos valles. También, necesitas caer de rodillas en adoración personal e íntima delante del Señor, expresándole con total sinceridad cómo te sientes, hasta que su voluntad y tu disposición a obedecerla se alineen.

OREMOS

Toma un tiempo para presentarte ante el Señor en oración. Te animo llevar ante Él tus angustias. En Él tendrás las fuerzas para enfrentar aquello que tanto te preocupa y para salir victorioso ante aquello que tanto temes.

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