Lee Mateo 17:24-27
Napoleón Bonaparte dijo: “Alejandro, César, Carlomagno y yo hemos fundado imperios, pero ¿en qué se basaban las creaciones de nuestro genio? En la fuerza. Pero Jesucristo fundó su imperio sobre el amor y después de tantos siglos, aún hay millones de hombres que morirían por Él”. Ciertamente, dudo que haya alguien hoy, que estando en sus cabales, decida morir por Alejandro Magno o por Julio César o por el mismo Napoleón. Pero aquellos centenares, que a lo largo de la historia, y aun en nuestros tiempos, han estado dispuestos a morir por la causa de Cristo, no dudaron en afirmar que lo hacían en respuesta al amor recibido por parte de Él.
El amor que Jesús mostró a lo largo de su ministerio terrenal, fue tal que renunció a sus propios derechos. Este es precisamente el elemento central, del milagro revisaremos el día de hoy.
Después de un largo tiempo fuera de Galilea, El Señor vuelve con sus discípulos a Capernaum. Al entrar a la ciudad unos cobradores de impuestos del templo de Jerusalén se acercaron a Pedro para hacerle una pregunta un tanto incómoda. Mateo, nos relata el evento en el capítulo 17, versículo 24:
Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y le preguntaron: “¿Paga vuestro Maestro las dos dracmas?»
Conversemos sobre el evento
No debemos confundir este impuesto con el que cobraban los publicanos como tributo para Roma. Aquí se trata de un aporte voluntario que se esperaba de todo judío mayor de veinte años, el cual era entregado al templo para costear su mantenimiento. “Dos dracmas”, era el equivalente a dos días de trabajo de un obrero, lo que no representaba mucho peso para la economía del judío común.
Ahora bien, estos recaudadores al enterarse del regreso de Jesús a Capernaum, se acercaron a Pedro, tal vez para no incomodar a Jesús con esta pregunta tan embarazosa, y le preguntaron si su “Maestro”, acostumbraba a pagar el aporte de la expiación al templo o no.
No podemos saber si había malicia en su pregunta o simple curiosidad al ver que habían pasado casi seis meses del tiempo en que debía hacerse el pago. Recordemos, que el Señor había estado fuera de Galilea por mucho tiempo. Pero al volver, podía cancelar sin conflicto alguno la cuota, si así lo hubiera deseado.
La respuesta de Pedro fue muy elocuente. Versículo 25: “Sí, lo paga”. Una vez más, tenemos a Pedro respondiendo casi sin pensar. Pero su respuesta no dio lugar a controversias, ni a acusaciones contra Jesús y sus responsabilidades sociales.
Más adelante, al entrar a la casa donde estaba Jesús, y aquí comienza la acción milagrosa a dejarse ver, el Señor abordó a Pedro sabiendo lo que acababa de ocurrir y le hizo el siguiente planteamiento:
“¿Tú qué opinas Simón? Los reyes de la tierra ¿A quiénes cobran tributos e impuestos: a los suyos o a los demás? ─A los demás ─Contestó Pedro. Jesús le dijo: ─Entonces los hijos están exentos. Sin embargo, para no ofenderlos, ve al mar, y echa el anzuelo. El primer pez que salga, tómalo y al abrir su boca, hallarás una moneda. Tómala, y dásela por mí y por ti.”
Jesús es el Hijo de Dios. En esencia, es Dios hecho hombre. Pedro lo sabía, ya antes lo había afirmado. Así que, Jesús no tenía que pagar un impuesto que su Padre había establecido para el pueblo. Pero a pesar de esto, Él quería mostrarle a Pedro que:
EN JESÚS TENEMOS EL MAYOR EJEMPLO AMOR Y HUMILDAD, EL CUAL DEBE SER APLICADO EN TODAS LAS ÁREAS DE NUESTRA VIDA
Veamos de este evento, dos principios que nos muestran cómo el amor de Jesús puede ayudarnos a ser mejores personas en todas las áreas de nuestra vida
El 1ro de estos principios es, Amamos como Jesús cuando estamos dispuestos a ceder nuestros derechos por el bien de los demás. Cuando el Señor dijo: “─Entonces los hijos están exentos. Sin embargo, para no ofenderlos ve al mar, y echa el anzuelo.” Estaba reconociendo que en su condición de Hijo de Dios y de Señor del Templo, no tenía ninguna responsabilidad ni social, ni moral ni religiosa de pagar el impuesto, pero no deseaba ser de tropiezo para aquellos que pudieran ver esto como una actitud rebelde de su parte. El término “ofender”, da la idea de hacer tropezar a alguien. Jesús sabía que muchos no le reconocían como el Hijo de Dios, por lo que no pagar, incrementaría su rechazo y les haría cerrar sus oídos al mensaje de salvación. Sin contar que estaría dando razones a aquellos que deseaban condenarlo.
Jesús cedió sus derechos, por amor a quienes no podían entender aun, que en su condición de Hijo de Dios estaba por encima del Templo. Así que, estuvo dispuesto a sujetarse a una ley que Él mismo había establecido, pero para hacerlo, le demostró una vez más a Pedro que Él es Dios, preparando a un pez, para que trajera una moneda en la boca que sería suficiente para ambos.
Cuando cedemos nuestros derechos, no mostramos debilidad, sino amor. No perdemos nuestra autoridad, sino expresamos misericordia. El asunto es que cuando estamos dispuestos a ceder nuestros derechos por amor a los demás, estamos siendo más como Cristo y menos como nosotros mismos.
El 2do principio es, Cuando Jesús bendice nuestro trabajo, debemos entender que lo hace para que seamos de bendición a otros ¿Qué necesidad tenía Jesús de mandar a Pedro a pescar? ¡Ninguna! Pero, le estaba enseñando que es a través del trabajo que debemos cumplir con nuestras responsabilidades. Que es el fruto del trabajo lo que Él ha de bendecir y que es a través del trabajo que nosotros podremos ser de bendición a otros. Pedro era pescador, así que lo mandó a pescar. Tú y yo tenemos nuestras habilidades, nuestras actitudes y nuestras capacidades, por lo que el Señor nos manda a ponerlas en práctica para ser bendecidos a través de ellas. Y cada vez que la bendición del Señor llegue a nuestra vida, veamos también la manera de ser de bendición a otros.
Reflexionemos sobre lo anterior
Nadie podrá amarnos jamás como Jesús. Por eso, es nuestra satisfacción en la escasez, nuestra plenitud en lo imposible, nuestro auxilio en las tormentas y nuestra oportunidad para una nueva vida. Jesús es nuestro ejemplo de amor. Seamos para otros, lo que Él ha sido para nosotros.
Oremos
Toma un tiempo para presentarte ante el Señor en oración. Pídele que te ayude a ser más como Él. Para que, en su amor, seas capaz de ceder tus derechos para bendecir a otros.




