Lee Mateo 9: 32 y 33
En la segunda guerra mundial, a los soldados japoneses se les habló tanto de lo terrible que resultaría para ellos el ser capturados por los aliados, que se escondieron en las montañas en lugares casi imposibles de explorar. La guerra terminó con la victoria de las fuerzas aliadas y con el cese al fuego, los derechos del ejército japonés fueron garantizados.
Pero aun así, no había manera de convencer a los soldados japoneses, que salieran de sus escondrijos, por lo que se colocaron parlantes en las montañas, en los que continuamente se oía la voz del emperador anunciar que la guerra había terminado y que podían salir sin temor, pues él garantizaba su seguridad.
Por su puesto, la voz del emperador generó la confianza, para que muchos de estos soldados tuvieran el valor de salir. Pero hubo uno que fue hallado casi treinta años después, el cual afirmó que nunca se atrevió a salir de su escondite, por temor a ser capturado por los aliados y sometido a toda clase de torturas. A este soldado, la voz conocida y respetable para él de su emperador no le fue suficiente para ayudarlo a vencer los miedos que se le habían inculcado. Una de las estrategias que Satanás usa en contra de los seres humanos, es el engaño.
Los falsos conceptos con que hemos sido programados a lo largo de nuestra vida, son el sustento de nuestros temores paralizantes, de nuestros resentimientos incontrolados, de nuestro sentido de insuficiencia y de incapacidad y hasta de ciertas afecciones de salud. Todas estas situaciones, son usadas por el padre de toda mentira, para ejercer su tirano control sobre nuestra vida.
El milagro que veremos hoy, es el último de una serie de cuatro, que nos presenta el evangelista Mateo con la intención de mostrar a Jesús como el Mesías prometido. Hasta aquí, este evangelio nos ha revelado la autoridad de Jesús sobre la enfermedad, sobre la muerte y sobre la oscuridad. La intención de Mateo es demostrar que Jesús cumple perfectamente las profecías que atribuyen al Mesías prometido, poder y autoridad sobre cada una de estas situaciones.
Y en este último relato, nos presentará su autoridad sobre los demonios, dando cumplimiento a la profecía de Isaías que el mismo Jesús leyó en la sinagoga de Nazaret al inicio de su ministerio. Lo cual hallamos relatado en Lucas, 4:18-19:
“El Espíritu del Señor está sobre mí, Porque me ungió para evangelizar a los pobres; Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos, Y restauración de vista a los ciegos, A enviar en libertad a los oprimidos, A proclamar el año favorable del Señor.”.
Notemos que esta profecía declara que el Mesías, no sólo tendía poder para sanar, sino también para dar libertad a los cautivos y a los oprimidos. El término cautivos, da la idea de alguien que fue capturado en la batalla a punta de lanza. Se usaba para referirse a un prisionero de guerra; mientras que oprimido, sugiere algo que se ha roto en pedazos, que está herido profundamente. Ambos términos, nos hablan de lo que Satanás ha hecho con la humanidad, a través de sus engaños.
El Dr. Archibald Thomas Robertson expresa lo siguiente, refiriéndose a este texto: “Es conmovedor pensar que Jesús sentía como su misión recomponer corazones quebrantados como trozos de vasos de barro cocido, una verdadera obra de rescate. Jesús los recompone y los libera de sus limitaciones.” Tal fue el caso de un hombre llevado ante Señor, poseído por un demonio que lo había dejado mudo. En Mateo, capítulo 9, versículos 32 y 33, encontramos el siguiente relato:
“Al salir ellos, he aquí le trajeron un mudo endemoniado. Y echado fuera el demonio, el mudo habló, y la multitud, asombrada, exclamó: ¡Nunca se vio cosa igual en Israel!”
CONVERSEMOS SOBRE EL EVENTO
Mateo relaciona este evento con la curación de los dos ciegos que estudiamos en su momento. Así pues, una vez sanados, estos ciegos salieron celebrando su capacidad para ver, e inmediatamente entró un grupo de personas, de las que no sabemos nada, a presentar ante el Señor a un hombre poseído por un demonio. El efecto de esta posesión era la incapacidad para hablar. Ante esta situación, veremos en la respuesta del Señor, que:
JESÚS TIENE AUTORIDAD PLENA PARA LIBRARNOS DE TODA CAUTIVIDAD SATÁNICA, RECOMPONIENDO EN EL PROCESO, NUESTRO CORAZÓN QUEBRANTADO
Podemos decir que este hombre poseído por un demonio, representa la incapacidad que muchos padecen hoy en día, de poder expresar su dolor, su vacío, sus temores, sus angustias y sus tristezas. Satanás, con sus engaños les ha quitado el habla. Quienes están es esta condición, necesitan de esos héroes anónimos, que sin deseo de figurar, sencillamente los lleven a Jesús y silenciosamente retrocedan. Veamos en la liberación de este hombre, dos hechos maravillosos que toda restauración hecha por Jesús tiene garantizada.
El primer hecho es que, Jesús garantiza la completa liberación de todo lo que nos mantiene cautivos. Esto es una marca de autenticidad divina. Toda liberación que viene de Cristo, es completa. Notemos que tras la llegada del hombre endemoniado, no se presenta una escena llena de escándalos y alboroto. Algunos se aventuran a asegurar que la razón de aquel silencio se debió a que el demonio era mudo. En realidad no lo sabemos. Mateo omitió todos los detalles de la liberación, pero lo que sí está claramente relatado, es que ante la presencia de Jesús, aquel espíritu inmundo salió completamente del hombre que poseía.
Cuando Mateo nos escribe en el versículo 33: “Y echado fuera el demonio…”, nos da la idea de que fue expulsado con fuerza. Es decir, el Señor lanzó con potencia al demonio lejos de aquel hombre. Esta es una forma bastante gráfica, de ilustrar que la liberación del espíritu que lo tenía cautivo fue total, completa y sin posibilidad de reincidencia. Si bien es cierto que Satanás ha programado nuestra mente con muchísimas mentiras desde nuestros primeros años de vida, también es cierto que Jesús es esa verdad absoluta ante la cual, no puede existir ningún engaño del Diablo.
El mismo Señor nos indica el proceso que puede liberarnos de toda cautividad que hoy nos tenga bajo opresión demoníaca. Juan 8:31 y 32 afirma lo siguiente:
“Jesús se dirigió entonces a los judíos que habían creído en él, y les dijo: —Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.”
Entonces, podemos decir que si nos mantenemos firmes en las enseñanzas de Jesús, podremos mostrar una vida auténticamente cristiana, la cual se caracteriza por un encuentro continuo con esa verdad que va desplazando toda mentira que pudiera haber en nuestra vida. Y en la medida que cada concepto errado es echado fuera y sustituido por las verdades de la palabra Jesús, entonces iremos experimentando verdadera libertad.
Y el segundo hecho es que, Jesús garantiza absoluta renovación de todo aquello que se haya quebrado en nuestra vida. Esto también es una cualidad que distingue la libertad que Cristo da. Volvamos al relato de Mateo 9. El versículo 33, continúa de la siguiente manera: “Y echado fuera el demonio, el mudo habló…” Podemos ver aquí la relación causa y efecto. El demonio tenía imposibilitado a este hombre para hablar. Así que, una vez expulsado de él, el habla se activó nuevamente. El término que se traduce “mudo”, se usa en distintas ocasiones para referirse a quienes no pueden hablar, porque no pueden oír. Es decir, lo que algunos llaman un “sordomudo”.
Literalmente, da la idea de un arma que no tiene filo y por lo tanto es inútil y de allí se toma el sentido figurado, para referirse a la audición cuando los oídos no funcionan adecuadamente. Por lo cual, cuando Mateo nos dice que aquel hombre habló, nos da a entender que aquello que había sido dañado por la acción del demonio, sencillamente fue restablecido a su condición y función original. En palabras del Biblista Juan Mateos, “fue hecho nuevo”. El Apóstol Pablo, le escribió a la iglesia de Corintos lo siguiente:
“Si alguno está en Cristo, es una nueva creación. Las cosas viejas pasaron, todo es nuevo.” (2da a los Corintios 5:17)
Cuando venimos a Jesús, entonces Él se encarga de hacer nuevo (renovar), aquello que Satanás ha roto, herido o incapacitado. Así que, aquello que te definió antes de conocer al Señor, pues ya no te define más. Aquello que te mantuvo cautivo a conductas, sentimientos, recuerdos y decisiones, ya no tiene más autoridad sobre ti. Pues en Cristo, esas cosas quedaron en el pasado, ahora todo en Él, es hecho nuevo.
REFLEXIONEMOS SOBRE LO ANTERIOR
La pregunta es ¿Hay conceptos errados en tu vida con los que Satanás te ha tenido cautivo? ¿Sientes que estás imposibilitado para expresar tu dolor, tu vacío, tus temores, tus angustias y tus tristezas? Si es así, necesitas presentarte ante Jesús. En Él hay garantía de libertad plena y absoluta renovación.
OREMOS
Toma un tiempo para presentarte ante el Señor en oración. Pídele que libere y renueve tu vida. Él vino a renovar tu corazón quebrantado, a darte libertad de aquello que te mantiene encadenado y a ofrecerte una nueva vida. Una vida en la que el pasado con su vergüenza, sus heridas y sus errores, ya no tengan poder sobre ti. Pues en Él, todo es hecho nuevo.




