DEVOCIONALES

DEVOCIONAL: JESÚS, AMOR QUE RESCATA #DÍA 9

por | Ene 26, 2026 | En su presencia | 0 Comentarios

Lee Mateo 12:9-14; Marcos 3:1-6 y Lucas 6:6-11

En la guerra, la idea de un campo minado es neutralizar el avance del enemigo dando de baja al mayor número de estos. Así que, la intención no es colocar tanto explosivo en cada mina como para hacer volar a todo un pelotón, sino el suficiente como para mutilar a aquel soldado que la pise.

Pues, de acuerdo a los códigos de guerra, ningún soldado herido puede dejarse abandonado en el campo de batalla, por lo que, al mutilar a un soldado, se neutraliza a éste y a por lo menos uno más que tendrá la responsabilidad de auxiliarlo y transportarlo.

Muchos relatos de gratitud pueden leerse en las historias de la guerra, de hombres que no fueron abandonados por sus compañeros y lograron salvarse así de los horrores de los campos de batalla.

Cuando pensamos en la vida auténticamente cristiana, debemos considerar las múltiples batallas que implica. En ellas, nos corresponderá caminar por campos cargados de minas, perfectamente diseñadas para detener nuestro avance.

Allí, podremos diferenciar a aquellos cuya religión sólo les sirve para alimentar su ego ritualista y espiritualista, de aquellos que fortalecidos en el amor de Jesús son capaces de renunciar a todo y entregarlo todo, con tal de no dejar a ningún soldado caído en el campo de batalla.

En la señal milagrosa que veremos hoy, nos encontraremos con una manifestación del amor de Jesús digna de ser imitada por aquellos soldados que caminamos a diario junto a otros, sobre peligrosos campos repletos de minas. Mateo 12:9-14; Marcos 3:1-6 y Lucas 6:6-11, nos relatan el hecho.

En un día de reposo, Jesús enseñaba en cierta sinagoga de Galilea. En las primeras filas de aquella reunión, como era costumbre, estaban los escribas y los fariseos, que eran los encargados de supervisar las enseñanzas que se impartían en cada congregación, para cortar cualquier herejía.

Siendo Jesús el maestro de ese día, toda la atención de estos líderes religiosos estaba sobre Él. Lucas en su narración, describe la actitud de estos hombres como asechando a Jesús con malas intenciones.

CONVERSEMOS SOBRE EL EVENTO

Entre los asistentes estaba también un hombre que tenía la “mano seca”. La manera como se nos presenta su problema en los distintos evangelios, nos permite ver que la mano dañada era la derecha, como lo observó Lucas; que no era un asunto de nacimiento, sino el resultado de un accidente o una enfermedad adquirida posteriormente, como lo observó Marcos y que sea cual fuere la causa, la mano de aquel hombre estaba totalmente inútil, como lo deja ver Mateo.

De hecho, un evangelio apócrifo, el Evangelio de los Hebreos, presenta a este hombre teniendo con Jesús la siguiente conversación: “Yo era un albañil que ganaba la comida con mis manos; te ruego, ¡Oh Jesús!, que me devuelvas la salud, para que no me vea obligado a sufrir la vergüenza de mendigar mi alimento.”

Mateo nos muestra que al ver la condición de este hombre, los maestros de la ley pensaron tender una trampa a Jesús, y le preguntaron: “¿Está permitido sanar en sábado?” Esta pregunta la hacían, esperando tener algo con qué acusar al Señor de trasgresor de la ley. Al menos la ley que ellos enseñaban.

Los “Maestros de la Ley” decían que atender a un enfermo un sábado era un trabajo y como el sábado era el día de reposo, esto no debía hacerse salvo que la vida de la persona estuviera en peligro.

Tal era el fanatismo de estos líderes religiosos, que el historiador del 1er siglo Flavio Josefo, relata que durante la rebelión de los Macabeos, un grupo de judíos se ocultó en cuevas tras ser perseguidos por el ejército de Antíoco, quién por atacarlos un día sábado, no recibió resistencia alguna, porque la ley no les permitía pelear el día sábado.

Como era evidente, este hombre no estaba en peligro de muerte y ante tal fanatismo por el día de reposo, el que lo sanara, sería tomado como una violación a la ley. Así que el Señor, llamando a aquel hombre, lo expuso ante todos los presentes.

Y según el relato de Mateo, preguntó a la concurrencia: “Si alguno tiene una oveja y cae en un hoyo en sábado, ¿no la saca y la agarra?” La ley decía que, si un asno caía debía colaborarse con el dueño ayudándolo a levantarlo (Deuteronomio 22:4), así que la respuesta a la pregunta de Jesús era más que obvia.

Marcos y Lucas, presentan la pregunta de Jesús de la siguiente manera: “¿Qué está permitido hacer en sábado: hacer el bien o el mal; salvar una vida o destruirla?” Para ambas preguntas, las cuales pudieron ser complementarias para fortalecer el argumento de Jesús, la respuesta era la misma.

Todos sabían que se podía salvar a un animal de tan poco valor como una oveja el sábado y que la vida de un hombre valía más que una de ellas.

Nadie se atrevería a aceptar que el sábado daba lugar para hacer el mal. Pero si no se sanaba a alguien que necesitaba ser sanado, esto no estaría bien. Así que, nadie se atrevió a responder.

Marcos, cierra el tenso momento describiendo la actitud de Jesús al decir: “Jesús se les quedó mirando enojado y entristecido por la dureza de su corazón.” El silencio de los presentes llenó al Señor de indignación y tristeza, porque sus corazones eran duros como el mármol, impidiéndoles aceptar esta verdad.

Entonces Jesús se dirigió a aquel hombre y le dijo: “Extiende tu mano”.  Este era un movimiento que no podía hacer. Su condición no se lo permitía, pero no hay nada que impida que lo que el Señor dice, se haga. Así que, cuando éste hizo el acto de levantarla, la mano seca fue reconstruida y restaurada, según la otra, demostrando así que:

JESUS NO NEGARÁ NI RETARDARÁ SU FAVOR AL CAIDO QUE VIENE ANTE ÉL IMPLORANDO SU MISERICORDIA

Dos principios, que no necesitan mayor explicación, surgen de este hecho tan maravilloso.

El 1ro es, El verdadero cristiano evidencia su relación con Jesús, haciendo el bien a todos cuantos lo necesiten sin pretextos ni condiciones

Y el 2do principio es, Aun cuando todos te hayan abandonado en medio de tus sufrimientos y limitaciones, Jesús siempre estará allí para ti, dándote el poder para levantar tus brazos, aunque sientas que es imposible.

Agustín de Hipona dijo: “Dios no manda imposibles, sino que, al mandar, nos instruye que hagamos lo que podamos, a que pidamos gracia para lo que no podamos, y con su gracia nos ayuda a que podamos.”

OREMOS

Toma un tiempo para presentarte ante el Señor en oración. Te invito a que lleves ante Él tu mano seca. Es decir, Aquello que no está funcionando tal como debería. Presenta ante Jesús aquello que tras ser golpeado por situaciones difíciles, herido por situaciones injustas o sencillamente estropeado por malas decisiones, hoy no te permite vivir conforme al propósito que Dios tiene para ti. Levanta tu mano en el poder del Jesús, para que puedas, en sus fuerzas, ayudar a otros que también necesiten su ayuda

Escucha la BBN Internacional en Linea

Videos más recientes