Lee Lucas 5: 12-16
Se cuenta que la Madre María Teresa de Calcuta, estaba atendiendo a un grupo de empresarios que deseaban hacer una donación muy importante a uno de los hospitales en que servía. Mientras estaba reunida con ellos, llegó un hombre lleno de lepra pidiendo desesperadamente, ser ayudado.
La Madre Teresa, se disculpó con sus distinguidos benefactores, se dirigió hacia el lugar donde estaba aquel leproso gritando de dolor y le dijo: ─Sólo dame un momento para terminar con estos señores y vendré a estar a tu lado hasta que seas atendido─. Luego, tomó cariñosamente sus manos que estaban vendadas con trapos, para cubrir sus llagas y las besó. Al volver a la reunión, uno de los empresarios, que estaban abrumados por la condición y el terrible hedor de aquel hombre, murmuró: ─Ni por un millón de libras esterlinas, besaría las manos de alguien así. ─A lo que la Madre Teresa contestó, casi sin pensar ─Por un millón… yo tampoco lo haría, pero por amor al prójimo, seguro que sí.
Ese hombre cubierto de lepras, es un reflejo de la humanidad entera. Pues el ser humano, sin importar de quién se trate, necesita ser amado por alguien a quien no le importe su condición. Alguien, que no sienta repulsión alguna de lanzarse al pozo séptico de nuestros pecados, con tal de rescatarnos de esa mísera condición en la que estamos atrapados.
En el milagro que veremos hoy, nos encontraremos con esa manifestación del amor de Jesús que lo hizo pasar por alto la condición repugnante y vergonzosa de la humanidad, para venir a liberarnos del peso de la culpa, de la vergüenza y del sufrimiento causados por nuestra naturaleza pecaminosa. Lucas, nos relata el evento de la siguiente manera en el capítulo 5, versículos 12 al 13
“En otra ocasión, cuando Jesús estaba en un pueblo, se presentó un hombre cubierto de lepra. Al ver a Jesús, cayó rostro en tierra y le suplicó: ─Señor, si quieres puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y tocó al hombre. ─Sí quiero ─le dijo─ ¡Queda limpio! Y al instante se le quitó la lepra.”
CONVERSEMOS SOBRE EL EVENTO
La lepra era una enfermedad tan terrible como común en los tiempos de Cristo. Aquellos que la padecían, comenzaban con una pequeña escama que volvía blanco el pelo que pudiera haber en la zona afectada y luego iba avanzando hasta que se volvía una llaga que perforaba la piel dejándola en carne viva.
Las lesiones, en algunos casos severos, podían causar deformidad y hasta la pérdida de las extremidades. Estas deformidades, hacían que el aspecto de un leproso pudiera lucir impresionante y que la falta de riego sanguíneo alrededor de las llagas produjera un fuerte olor a carne en descomposición.
Tan doloroso, como portar una enfermedad que era una especie de “muerte en vida”, era toda la exclusión a la que se sometía al leproso. Se le separaba de su familia, se le desterraba de su ciudad, se le prohibía cualquier contacto humano, incluyendo los centros de adoración a Dios (reuniones públicas o en hogares, sinagogas o el templo).
Nadie debía acercársele. Habitaban a las afueras de la ciudad y si un viajero descuidado se les aproximaba, debían gritar como señal de advertencia: ─¡Inmundo, inmundo! Lo cual era la marca de su moribunda condición tanto física como moral y espiritual. Es decir, el daño emocional de la lepra era tan profundo como daño el físico. De allí que el Dr. A. B. MacDonald, que dirigió en un centro para atención de la lepra, dijera:
“El leproso es un enfermo de la mente tanto como del cuerpo. Por lo que sea, se tiene una actitud diferente con la lepra de la que se tiene con cualquier otra enfermedad deformante. Se asocia con vergüenza y horror, y conlleva, de alguna manera misteriosa, un sentimiento de culpabilidad, aunque se haya contraído tan inocentemente como cualquier otra enfermedad contagiosa. Al verse evitados y despreciados, es frecuente que los leprosos tengan la tentación de quitarse la vida, y algunos lo hagan.”
Con esto en mente, volvamos a la escena de aquel leproso y Jesús. Pues ante la petición cargada de convicción y absoluta humillación de este hombre, el Señor da una respuesta que fue un suave bálsamo para su triste condición, la cual demostraría que:
JESÚS ES RESTAURACIÓN PLENA A NUESTRA MISERABLE CONDICIÓN
La lepra en la Biblia es un tipo del pecado. Ambos van dañando nuestro cuerpo hasta que lo destruyen internamente, pues el pecado avanza hasta dañar nuestra mente, emociones y nuestro espíritu.
El pecado, lo mismo que la lepra, es una enfermedad repulsiva y detestable que separa a las personas y desde la perspectiva del tiempo bíblico, ambas eran incurables. Haber tenido lepra y no reconocerlo hubiera sido tan absurdo como ser pecador y no aceptarlo. Veamos dos principios en este relato que nos mostrarán de manera clara, cómo el amor restaurador de Jesús es suficiente para sanar nuestra condición de pecado.
El 1ro de estos principios es, No hay condición personal, por decadente que sea, a la que Jesús no extienda su misericordia. Cuando aquel leproso cayó de rodillas ante el Señor, su petición fue: “Señor, si quieres puedes limpiarme”. Y Jesús respondió con un enfático “Quiero…”.
La condición física de este hombre debía ser todo lo repugnante que hemos descrito de esta enfermedad, pues Lucas lo identifica como alguien “lleno de lepra”. Es decir, aquel hombre estaba totalmente cubierto con las llagas características de la lepra.
Podemos entender por su estado avanzado, que tenía mucho tiempo sufriendo de un dolor indescriptible, del desprecio de la gente, de la separación de sus seres queridos y de ese sentimiento de insuficiencia que se hacía más agudo cada vez que debía gritar “¡inmundo, inmundo!”, refiriéndose a sí mismo. Pero al llegar a Jesús, no hubo repulsión ni rechazo.
Este hombre se sintió aceptado, valorado y amado como no se había sentido desde hacía mucho tiempo. Marcos, nos narra que el Señor “tuvo misericordia de él”. Nuestro término “misericordia”, viene del latín, de una palabra compuesta que une “miseria” y “corazón”, lo que le da el sentido de: “poner el corazón en la miseria de alguien”.
Es decir, Jesús puso su corazón en la miseria de aquel leproso. De la misma forma funciona para nosotros hoy. Jesús, al ver nuestra culpa, nuestro dolor, nuestra vergüenza y nuestras heridas, pone su corazón en nuestra miseria. Él nunca se impresiona ni siente repulsión alguna por ningún pecado que llevemos ante Él.
Y el 2do principio es, Jesús no restaura la vida de aquel que viene arrepentido ante Él, de manera gradual. Lo hace instantánea y plenamente.
Este hombre llegó ante Jesús y le dijo, “Señor”, con lo cual reconoció en Jesús una posición divina. Él aceptó que estaba frente al Mesías enviado por Dios. Siguió hablando y le dijo: “si quieres puedes limpiarme”, lo que expresa sujeción plena a su voluntad y confianza absoluta en su poder. Es como si dijera: —sólo un milagro de tu mano puede cambiar mi triste condición.
La respuesta fue contundente: “Jesús extendió la mano y tocó al hombre. ─Sí quiero ─le dijo─ ¡Queda limpio! Y al instante se le quitó la lepra.” Hacía mucho tiempo que este hombre no recibía alguna expresión de amor. Jesús lo tocó. Con este gesto le dijo, a mí no me causas desagrado, no me afecta tu mal olor ni tampoco siento miedo de ser contagiado. Y bajo la orden de “Queda Limpio”, al instante la lepra lo dejó.
El Señor espera que podamos acudir a Él reconociendo nuestra condición de pecado. Pues, si Él no interviene, seguiremos caminando como muertos que viven. Vayamos a Cristo y dejemos que en nuestra vida se oiga su voz decir: ¡Queda limpio! Pues al instante, nuestra culpa, nuestra vergüenza y el dolor que nos han estado encadenado, dejarán de ejercer su poder sobre nosotros.
REFLEXIONEMOS SOBRE LO ANTERIOR
¿Por qué vivir cargando la lepra del pecado, si Jesús vino a traernos la cura plena, suficiente e inmediata? Lleguemos arrepentidos ante Él, pues sin importar qué lleves sobre tus hombros, la mano misericordiosa de Jesús está extendida para ti.
OREMOS
Toma un tiempo para presentarte ante el Señor en oración. Él es Dios hecho hombre y ha prometido que el que viene al Él no le echa fuera. Así que, puedes estar seguro que Jesús, puede y quiere limpiarte hoy.




