Robert Stevenson, en su famoso cuento “El Extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, escribe, en una profunda reflexión personal hecha por el Dr. Jekyll, lo siguiente: “…el hombre en realidad no es uno, sino que verdaderamente es dos”. Refiriéndose, en su experiencia personal, a la lucha universal que el ser humano tiene que librar al diario con sus propias pasiones internas. Estas batallas deben librarse con un plan de acción que realmente sea efectivo, porque de lo contrario sólo lograremos frustrarnos en nuestro intento de alcanzar ser aquello para lo que fuimos diseñados.
Pablo, quien nos ha estado animando a enlistarnos en el ejército del Señor, a entregarnos por entero a su causa y a vivir con la integridad que debe expresar un soldado de Jesucristo, termina este primer versículo del capítulo 12, dándonos la clave para tener éxito en nuestra misión.
“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.”
La expresión “…que es vuestro culto racional.”, nos muestra la fuente que debe dirigir nuestra vida. El término “racional, es contrario a la idea de una adoración impuesta o que se hace por mero modelaje. Es decir, la vida auténticamente cristiana no se trata de seguir al pie de la letra una serie de normas, sino de la capacidad dada por el Espíritu Santo de aplicar apropiadamente los principios bíblicos.
El verdadero servicio a Dios y el verdadero acto de adoración a Él, es el resultado de una obediencia cuidadosa a su Palabra. Y esto sólo será posible si el Espíritu Santo controla absolutamente nuestra vida.
Recordemos que:




