Henry Ford, el gran empresario automotriz, definía la calidad así: “Calidad significa hacer lo correcto cuando nadie está mirando.” Resulta curioso lo parecido que es esta definición, a la dada por el Dr. Charles Swindoll acerca de la integridad. El asunto es que la integridad es la marca de calidad que define nuestras decisiones.
Cuando en Romanos 12:1 el Apóstol Pablo nos anima a enlistarnos en el ejército del Señor, nos pide mostrar una entrega absoluta, pero también nos llama a revisar la integridad o la calidad que identifica nuestra entrega.
“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.”
La frase: “…que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios…”, nos da tres elementos que deben ser evaluados a diario para que nuestra entrega al Señor goce de la mayor calidad posible.
Nuestra entrega debe expresar cotidianidad. La idea de ser un “sacrificio vivo”, es que se muestre en todas las áreas de nuestra vida. Es decir, siempre debe verse que somos personas que se han entregado por entero a la causa de Cristo. Así que, en el trabajo, en el mercado, dentro del hogar y en todo lugar dónde esté, siempre se ha de mostrar como un soldado del Señor.
Nuestra entrega debe expresar consagración. Esta es la idea de ser un “sacrificio santo. La santidad exige pureza. Estar apartado por entero a aquello a lo que se nos llamó. Esta cualidad nos lleva a ser un soldado de Cristo, aun cuando no haya nadie a nuestro alrededor evaluándonos.
Nuestra entrega debe expresar confiabilidad. “Un sacrificio agradable a Dios, quiere decir que es aprobado por Él. Nuestra vida debe evidenciar tal nivel de santidad y compromiso que el Señor apruebe todo lo que somos y hacemos siempre.
Recuerda que:
Ser santos nos exige, hacer lo correcto aun cuando nadie nos esté mirando




