Una pregunta que valdría la pena hacernos es: “¿Qué te motiva?” O visto de otra manera, “¿Qué te impulsa a levantarte de la cama cada mañana?” Conocer lo que nos motiva es importante, porque da una visión clara de aquello que nos activa a la acción, nos enfoca en la dirección correcta y nos mantiene constante en el tiempo.
Cuando Pablo en Romano 12:1, nos anima a enlistarnos en el ejército de Cristo y nos da junto con el llamado, una motivación valedera y suficiente para asumirlo.
“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.”
“Las misericordias de Dios”, son presentadas como el motor que debe impulsar nuestro servicio, compromiso y amor por el Señor. Se refieren a todas las bendiciones que Dios nos ha dado a través de Jesucristo, las cuales han sido descritas en los capítulos 1 al 11 en términos de amor, perdón y vida eterna. Ahora Pablo nos confronta con la respuesta que se espera de nosotros ante estas misericordias: “que presentemos nuestro cuerpo como instrumento de adoración a Dios”.
Hoy en día, muchos siguen a Jesús por las razones equivocadas: por su poder para sanar, por una promesa de prosperidad económica o por simple simpatía comunitaria. Sin embargo, quienes lo siguen por conveniencia se pierden de la bendición más profunda: obedecerle por gratitud. Cuando nuestra motivación es el amor infinito que Él ya manifestó en la cruz por nosotros, nuestra santidad tiene un fundamento firme.
Recordemos que:




