DEVOCIONALES

DEVOCIONALES: JESÚS, EJEMPLO ANTE LA INJUSTICIA #DÍA 30

por | Mar 3, 2026 | En su presencia | 0 Comentarios

Lee Juan 18:12-14 y19-24; Mateo 26:57-68; Marcos 14:53-65; Lucas 22:63-65 y Juan 18:24

El autor de la Epístola a los Hebreos, escribió lo siguiente refiriéndose a Jesús: “Pues en cuanto él padeció al ser tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.” Y más adelante dijo:

“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino Uno que ha sido tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, con confianza al trono de la gracia, para que obtengamos misericordia y hallemos gracia para el oportuno socorro.”

Al considerar las últimas horas del ministerio de Jesús, estas palabras de la carta a los Hebreos, cobran un especial significado. Pues si atravesamos por situaciones que perturban nuestras emociones hasta el punto de llevarnos a colapsar física y espiritualmente, acudamos a Jesús, pues Él padeció en el Getsemaní una situación tan terriblemente angustiosa que lo hace sensible a nuestra situación, pero a la vez poderoso para guiarnos a una salida victoriosa, tal como Él la tuvo.

Pero hay más, para quienes pudieran sentir que se están hundiendo en las arenas movedizas de la injusticia; para muchos que viven situaciones cargadas de ilegalidad, corrupción, discriminación, robo de sus sueños y de sus oportunidades y también para aquellos que sienten que la vida que están viviendo ahora, les está negando la oportunidad de suplir sus necesidades más básicas, tenemos en Jesús a un salvador que atravesó situaciones similares a estas y venció.

Y en su victoria, nosotros tenemos el poder para vencer también. Lo siguiente que consideraremos de las últimas horas del ministerio terrenal de Jesús, luego del momento agónico del Getsemaní, serán los juicios injustos a los que fue sometidos. Y hallaremos en ellos un ejemplo contundente para mantenernos de pie, cuando la injusticia nos alcance.

CONVERSEMOS SOBRE EL EVENTO

Cuando Jesús volvió por tercera vez hasta donde estaban Pedro, Jacobo y Juan se apareció Judas Iscariote con un contingente de la guardia del templo, con una guarnición que seguramente Pilato puso a su disposición y con algunos voceros del sanedrín. Comenta tanto Mateo como Marcos que venían al Señor con antorchas, palos y espadas.

Para esto debemos acotar que la guardia del templo no estaba autorizada para usar armas, por lo que poseían una especie de garrotes que usaban para poner orden en posibles conflictos internos. Además, los líderes religiosos necesitaban involucrar a Pilato en todo esto, porque él era quien al final, podía permitir una pena de muerte. Desde la manera como se llevó a cavo la captura de Jesús, hasta la sentencia final, los procedimientos que se usaron en su contra fueron terriblemente injustos, ilegales, ilegítimos e inmorales. Haremos un recorrido rápido por esto cinco juicios, hoy los primeros tres y mañana los últimos dos, pues en ellos nos encontraremos la razón por la que:

JESÚS ES PODEROSO PARA SOCORRERNOS ANTE LAS SITUCIONES CARGADAS DE INJUSTICIA QUE DEBAMOS ENFRENTAR

 1er juicio: Jesús ante Anás.

Cuando el capitán de la guardia del templo ató con cadenas a Jesús lo llevó, junto a todo el contingente que acompañó a Judas, desde el huerto de Getsemaní hasta Jerusalén. Directamente a la casa de Anás. Aunque éste hombre ya no era el Sumo Sacerdote para esta fecha, seguía muy involucrado en toda la corrupción que giraba en torno al templo.

Además era suegro de Caifás, quien era el sumo Sacerdote para este momento. Debido a la gran influencia que tenía Anás, nada se decidiría entre los líderes religiosos, si antes no pasaba por sus manos. El Dr. Charles Swindoll escribió en su libro “Jesús, La Vida Más Grande de Todas”, refiriéndose a este juicio, lo siguiente:

“Jesús no fue llevado a la cárcel ni al concilio judío, ni al Sumo Sacerdote legalmente nombrado, ni siquiera al procurador romano. Estuvo de pie ante el padrino de la mafia de Jerusalén.. 

Juan 18:12-23, es la referencia que contiene la narración de este juicio. En él hubo varias violaciones a las leyes establecidas. Anás, no tenía competencia alguna para interrogar a Jesús, este juicio se estaba realizando de noche y no hubo un cargo en contra ni testigos que lo acusaran. Aun así, ante la pregunta acerca de sus enseñanzas hecha por Anás, Jesús respondió:

“Yo he hablado públicamente al mundo. Enseñaba siempre en las sinagogas y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y nada he hablado en oculto. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído qué es lo que les hablé. He aquí, ellos saben lo que Yo dije.”

Esta respuesta tenía la intención de dejar claro que este procedimiento estaba lleno de vicios y que no tenía nada que decir bajo estas condiciones. Por su puesto, esto le hizo recibir un fuerte golpe de uno de los guardias. Y Anás, en seguida lo mandó hacia Caifás.

2do juicio, Jesús ante Caifás.

Este relato lo tenemos narrado en Mateo 26:57-68; Marcos 14:53-65 y Juan 18:24. Aun cuando era muy de madrugada, Caifás tenía reunido a un grupo importante del Sanedrín con él. Este era el concilio de gobierno de Israel, que funcionaba hasta donde Roma lo permitía. Estaba conformado por setenta y dos personas y tomaban decisiones vinculante para la nación.

Pero en cuanto a las penas de muerte, algún funcionario romano debía ratificar la pena, siempre que se tratara de un delito contra el imperio. Así que, cuando Jesús fue llevado ante Caifás, lo estaba esperando toda una multitud dispuesta para su interpelación. Es interesante que Marcos, nos relate lo siguiente:

“Y los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban testimonio contra Jesús para darle muerte, pero no lo hallaban.”

Por más testigos falsos que buscaron, no tenían nada que pudiera darle un elemento de convicción al procurador romano, para que aprobara su ejecución. Este juicio fue tan falso e injusto, que la sentencia estaba tomada antes que el acusado se presentara. Efectivamente, tuvieron a unos testigos que tergiversando las palabras de Jesús, sonaron algo convincente. Pero no se ponían de acuerdo. Por lo que tuvo que intervenir Caifás. Nuevamente Marcos nos comenta lo siguiente:

“El sumo sacerdote volvió a preguntarle: —¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Dios bendito? Jesús le dijo: —Sí, yo soy. Y ustedes verán al Hijo del hombre sentado a la derecha del Todopoderoso, y viniendo en las nubes del cielo. Entonces el sumo sacerdote se rasgó las ropas en señal de indignación, y dijo: —¿Qué necesidad tenemos de más testigos? Ustedes lo han oído decir palabras ofensivas contra Dios. ¿Qué les parece? Todos estuvieron de acuerdo en que era culpable y debía morir.”

Tras esta algarabía, algunos comenzaron a golpear a Jesús y a escupirlo. Los guardias del templo lo abofeteaban  y se burlaban de Él. “La autoridad de las tinieblas”, como había sido el titulo que el Señor le dio a aquella noche en Lucas 22:53, mostraba ya sus resultados. Ahora el sanedrín tenía una acusación formal que mostrar al pueblo.

3er juicio, Jesús ante el Sanedrín. 

Al amanecer, el sanedrín preparó todo para el juicio, al fin público, de Jesús. Seguían violándose todas las reglas de juego. Jesús, nunca contó con la posibilidad de defenderse. El sanedrín, que tenía establecido la defensa del acusado hasta que se mostrara lo contrario, esta vez actuó como el acusador. Ahora, sólo quedaba convencer al pueblo del peligro que suponía Jesús para la paz de la nación y a Pilatos, del peligro que suponía para Roma.

Así que, ante los líderes religiosos y parte del pueblo que podía hacerse presente en aquel lugar oficial para dictaminar las sentencias, aquello que se había gestado en la oscuridad de la noche se presentó ante el público. Lucas nos relata lo siguiente:

“Le dijeron: —Dinos, ¿eres tú el Mesías? Pero él respondió: —Si lo dijera, no me creerían (ni me dejaría ir). Y, si yo les hiciera una pregunta, ustedes no me la contestarían. Pero, desde ahora, el Hijo del Hombre estará sentado en el lugar de poder, a la derecha de Dios. Todos gritaron: —¿Entonces afirmas que eres el Hijo de Dios? Y él contestó: —Ustedes dicen que lo soy. «¿Para qué necesitamos otros testigos? —dijeron —. Nosotros mismos lo oímos decirlo».”  (Lucas 22:67-71)

Finalmente, la farsa (apuntando a la definición histriónica del término) llegó hasta donde los líderes religiosos esperaban que lo hiciera. Tenían algo concreto con qué acusar a Jesús. Podrían convencer a Roma del peligro que suponía alguien que se creía el Mesías, pues según la interpretación popular, el Mesías prometido vendría con una promesa de libertad, así que todos esperaban que fuera una especie de líder revolucionario. Veamos hasta aquí, tres principios que no necesitan mayor explicación:

El 1er principio: Ante la frustración que se siente al pasar inadvertidos por una situación injusta, en la cual los derechos vulnerados exigen justicia, la indignación pide venganza y la desesperanza implora por intervención divina, debemos saber que no estamos solos. Jesús, que padeció al igual que nosotros tal amargura, ve con ojos de misericordia nuestra causa y no permitirá que quede sin respuesta.

El 2do principio: El Señor utiliza a veces esos momentos en los que la injusticia nos humilla, como el medio a través del cual nos alcanzará con sus bendiciones. Un poema escrito por George Matheson dice lo siguiente: “¡No rechaces, alma mía, el lugar de tu postración! Esa ha sido siempre la habitación donde te has vestido de realeza. Pregunta a los grandes del pasado cuál fue el lugar de su prosperidad, y ellos te dirán: «Fuel el frío suelo en el cual estuve una vez tendido»”

Y el 3er principio: Hablemos la verdad en amor y con firmeza, aun cuando este mundo que se niegue a escucharla. Y si su enojo se levantara contra nosotros, dejemos las consecuencias en manos del Señor.  Debemos entender que no siempre la justicia que esperamos aparece de la manera que deseamos que lo haga. Jesús, sabía que el final de esta senda injusta que estaba transitando sería la cruz, pero aun así, se mantuvo firme dejando el control de las consecuencias en manos del Padre. En todo este trágico e injusto proceso, no dejó que la amargura ni la sed de justicia, le impidiera seguir presentado la verdad en amor a todo aquel que deseara aceptarla.

REFLEXIONEMOS SOBRE LO ANTERIOR   

La pregunta es ¿Sientes que la injusticia está haciendo de tu vida una amarga experiencia? Entonces debes saber que no estás solo. Jesús, quien vivió la humillación de la injusticia, el dolor de la ofensa y el desprecio de aquellos a quienes amó, está mirando tu causa y no dejará que quede sin respuesta.

OREMOS

Toma un tiempo para presentarte ante el Señor en oración. Te animo a presentar ante él aquello que sientes que la injusticia te ha quitado. No permitas que las circunstancias te hagan dejar de mostrar la verdad en amor. Sigue haciéndolo y deja las consecuencias en manos Señor.

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