DEVOCIONALES

DEVOCIONAL: JESÚS, AUTORIDAD QUE RENUEVA LAS BASES #DÍA 15

por | Feb 2, 2026 | En su presencia | 0 Comentarios

Lee Marcos 8:22-26

Hay personas que al depositar su confianza en Cristo dejaron vicios, adicciones y conductas muy arraigadas de un instante a otro. Pudiéramos decir, que recibieron en el momento de la conversión un milagro instantáneo que los liberó de aquellas situaciones.

Pero también, existen personas que al llegar a Cristo comenzaron a luchar contra sus vicios, adicciones y conductas arraigadas, pero no fue sino hasta cumplido cierto proceso, que duró años en algunos casos, que lograron obtener la victoria definitiva. A esto le podemos llamar, un milagro progresivo.

Si nos preguntáramos por qué algunos milagros son instantáneos y otros progresivos, tendríamos que apelar principalmente a la soberanía de Dios. Él obra en cada uno de nosotros como quiere. Pero el trato del Señor con cada uno de nosotros siempre está ligado a su misericordia, por lo que los proceso milagrosos tienen la intención de fortalecer áreas dentro de nuestro carácter que son la razón de esas conductas.

En la medida que nuestra vida cristiana se va desarrollando, vamos enfrentando ciertas situaciones, o siendo confrontados con ellas, las cuales irán fortaleciendo esas áreas que necesitan ser sanadas, fortalecidas y hasta formadas, para tener un fundamento suficientemente sólido que sustente una vida auténticamente cristiana.

El milagro que consideraremos hoy, lleva consigo cierto elemento progresivo, que sirve de ejemplo a esta manera gradual con la que somos tratados por el Señor ante ciertas carencias.

En el mismo contexto del milagro anterior, estando Jesús del lado predominantemente gentil del lago de Galilea, Marcos en el capítulo 7, versículos 22-26, nos relata lo siguiente:

“Al llegar a Betsaida le trajeron un ciego y le rogaban que lo tocase. Y tomando de la mano al ciego, lo sacó fuera de la aldea, y después de escupirle en los ojos y poner las manos sobre él, le preguntó: ¿Ves algo? Y alzando los ojos, le dijo: Veo a los hombres, pero los veo como árboles que andan. Y le puso otra vez las manos sobre sus ojos, entonces él miró fijamente y se restableció, y veía claramente todas las cosas desde lejos.” 

CONVERSEMOS SOBRE EL EVENTO

Tenemos en este milagro varios elementos que no debemos pasar por alto, pero un aspecto inédito con relación a todas las señales milagrosas que hemos considerado hasta ahora. El milagro en sí, fue progresivo.

Como siempre, esta señal intenta llamar nuestra atención hacia una verdad mucho más profunda. Pues, la ceguera de este hombre representa aquellas conductas que nos incapacitan para experimentar en su totalidad la nueva vida en Cristo. Los milagros progresivos, siguen un proceso que tiene como objetivo liberarnos de estas conductas.

En la sanidad progresiva de este hombre ciego, se nos hace evidente que:

JESÚS TIENE LA AUTORIDAD PARA RENOVAR NUESTRO CARÁCTER Y NUESTRA CONDUCTA, DESDE SUS CIMIENTOS

Pues, sin tratar de dorar la píldora, el pecado es problema fundamental que nos incapacita para experimentar la nueva vida en Cristo. Y Jesús, vino precisamente a llevar sobre sus hombros el peso de nuestro pecado. Como lo definiría Juan el Bautista, quien tuvo la misión de preparar el camino de Jesús:

“¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!”

De este maravilloso evento, podemos extraer tres principios claves, sobre los que se fundamentan esos procesos divinos que nos conducirán al milagro de la libertad en Cristo.

Debemos comenzar, al describir estos procesos milagrosos, notando que en este relato nos volvemos a encontrar con los dos principios vistos en el milagro anterior, El Principio de las Relaciones Sanas y El Principio de la Relación Cercana. Lo cual, nos sugiere que estos también son parte importante en los procesos milagrosos. Una vez resaltado este detalle, veamos el primer principio de hoy.

El 1er principio lo llamaremos, El Principio de Purificación. Puro se refiere a aquello que está libre de agentes contaminantes.

Es decir, Todo proceso que tiene como objetivo liberarnos de las conductas que nos incapacitan, para experimentar a plenitud la nueva vida en Cristo, debe comenzar por establecer límites con aquellos ambientes, aquellas amistades y aquellos conceptos que son potenciadores de esas conductas. 

En este sentido, lo primero que Marcos nos relata de aquel encuentro entre Jesús y el hombre ciego, fue que Jesús “tomándolo de la mano, lo sacó fuera de la aldea”. Esto está en la primera parte del versículo 23.

Jesús, no sólo lo apartó de la gente, sino que lo sacó de la población. La expresión, “tomándolo de la mano”, da la idea de agarrarlo firmemente con la intención de auxiliarlo. Jesús no lo soltó hasta que estuvieron fuera de Betsaida y aquel hombre ciego se dejó guiar. Muchos eruditos bíblicos relacionan este hecho con el juicio que Jesús había mandado sobre esta ciudad algún tiempo atrás, narrado en Mateo 11:20-22.

Los habitantes de Betsaida, vieron el poder del Señor a través de muchos milagros, pero aun así no se arrepintieron, por eso el Señor decretó juicio sobre ellos, porque se obstinaron en seguir viviendo en sus pecados. Ahora, Jesús sanará a este hombre de su ceguera, pero lo hará fuera de las fronteras de Betsaida, separando a aquel hombre del juicio establecido sobre ella.

Cristo Jesús, desea liberarnos de toda conducta que nos incapacite para experimentar una vida plena, pero debemos estar dispuestos a anclarnos firmemente en el poder de sus fuerzas y separarnos de todo aquello que nos ciega a la obediencia de su Palabra. Él nos tomará de su mano, pero nosotros debemos dejarnos guiar.

El 2do principio lo llamaremos, El Principio de Provisión. Jesús proveerá los recursos necesarios para que este proceso milagroso pueda llevarse efectivamente hasta el final. Algunos de ellos podrían ser dolorosos, muy confrontativos y hasta poco convencionales, tal como ocurrió con este hombre ciego.

En la segunda parte del versículo 23, Marcos nos relata lo siguiente:

“…y después de escupirle en los ojos y poner las manos sobre él, le preguntaba: ¿Ves algo?”

Antes de juzgar los métodos de Jesús desde una perspectiva contemporánea, recordemos que la saliva en los tiempos antiguos era considerada como un agente sanador. Hay múltiples relatos de esta época, en las que algunas personas, y entre ellos rabinos y líderes religiosos, aceptaban ser escupidos en los ojos, porque tenían ciertas deficiencias visuales. Así que, para este hombre ciego, aun cuando pueda sonarnos desagradable, la saliva era un recurso esperable en su proceso de sanidad.

Tras el recurso usado por Jesús, vino la pregunta: ¿Vez algo?. La narrativa de Marcos nos aclara que esta pregunta se hizo en varias oportunidades. Es decir, el Señor se mantuvo preguntando si era capaz de ver alguna cosa. Esto nos indica que el proceso de recuperación de la vista llevó tiempo y exigió esfuerzo de parte de aquel hombre, pues debió enfocar y enfrentar la experiencia, tal vez por primera vez en su vida, de identificar imágenes.

En los procesos milagrosos, el Señor proveerá los recursos que nos ayudarán a avanzar en nuestra vida cristiana. Personas, situaciones, predicaciones, iglesia, estudios personales, etc. Estos respaldarán nuestro avance, pero a nosotros nos corresponderá estar dispuestos a enfrentar las batallas que nos conduzcan hacia la libertad. Siempre confiados en que Jesús, se encargará de hacer aquello que trasciende nuestras a capacidades. En medio de nuestro esfuerzo por mantener el enfoque, Él nos devolverá la vista.

Y el 3er principio lo llamaremos, El Principio de la Paciencia. En una primera oportunidad, aquel hombre comenzó a ver simples formas. Marcos lo describe así. Versículo 24: “Y alzando los ojos, decía: Veo a los hombres, pero los veo como árboles que andan.”. No podemos pensar que este caso fue más complejo para Jesús que todas las demás sanidades registradas en la Biblia. Sencillamente, en el proceso curativo, el Señor lo estaba llevando a acondicionarse a una nueva experiencia. La experiencia de ver.

Aquel hombre que nunca había visto, ahora repetía continuamente, ¡Veo hombres como árboles que se mueven! A pesar de que este no era el resultado final, ya de por sí era un logro maravilloso para él.

Jesús volvió a tocar sus ojos y entonces pasaron tres cosas sorprendentes, comenzó a ver claramente, su visión fue restablecida de manera permanente y fue capaz de identificar visualmente las cosas que estaban a su alrededor. Para este hombre ciego, la experiencia de ver con claridad y comprensión el mundo que lo rodeaba, definitivamente lo llevó a disfrutar de una nueva vida, gracias a Cristo.

Muchos de nosotros, cometemos el error de rechazar la idea de los procesos milagrosos en nuestra vida. Esperamos sencillamente que el Señor haga lo que va a hacer de una sola vez, pero no siempre es así. A veces, en su misericordia, Jesús repara progresivamente nuestros fundamentos para que podamos disfrutar plenamente de las maravillas de la libertad. No aceptar nuestros procesos o abandonarlos cuando sólo alcanzamos a ver algunas sombras, nos hará perder la bendición de poder ver la plenitud de la vida que Jesús vino a darnos.

REFLEXIONEMOS SOBRE LO ANTERIOR

La pregunta es: ¿Hay situaciones de tu carácter que necesitan ser sometidas a un proceso milagroso? Pues debes permitir entonces, que el Señor te ayude a alejarte de aquellos factores que te dañan, que te provea de los recursos que te acompañarán en las luchas que el proceso implica y que te fortalezca hasta llegar al final del camino. La recompensa bien vale la pena. Nada se compara a mirar la belleza de la vida que Cristo tiene preparada para ti.

OREMOS

Toma un tiempo para presentarte ante el Señor en oración. Te animo a enfrentar tus procesos milagrosos en el nombre de Jesús. Pídele que te muestre las áreas que necesitas atender y que te dirija hacia los recursos que pretende utilizar para sanarte. Disponte a luchar y no abandones la lucha, hasta que tu visión sea perfecta.

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