Lee Marcos 7:31-37
En cierta oportunidad, un conductor molesto denunció que en la estación de servicio de su ciudad le habían colocado gasolina mezclada con agua. Comentó, que al salir de la estación su vehículo comenzó a tambalear y a dar fallos hasta que simplemente se apagó y no quiso volver a encender. En una revisión detallada del tanque de la gasolina de su auto, encontraron que el combustible, ciertamente estaba mezclado.
Esta denuncia, atrajo a otros más que pasaron por experiencias similares, los cuales relacionando los hechos aprovecharon para alzar su voz. Y efectivamente, al revisar los depósitos de aquella estación de servicio se encontraron que la gasolina en su interior estaba contaminada con agua.
No es posible hacer que un auto ande con gasolina adulterada con agua, porque el agua evitará la combustión necesaria para su encendido. Pues, el funcionamiento óptimo de un vehículo, depende de un combustible libre de mezclas, que cumpla con las especificaciones de su diseño. De la misma forma, resulta imposible vivir a plenitud nuestra vida, si aquello en lo que se fundamenta nuestro carácter y nuestra conducta no cuenta con el sello de garantía de su creador. Jesús dijo a sus discípulos:
“El hombre bueno, del tesoro bueno del corazón saca lo bueno, y el malvado, del malo saca lo malo, porque de la abundancia del corazón habla su boca.”
Aquello, con lo que estamos llenando nuestra mente, es el fundamento de nuestro carácter y el agente motivador de nuestra conducta. Esto ciertamente explica muchas cosas, pero a su vez nos abre un mundo de oportunidades para establecer cambios radicales en nuestra manera de vivir. El milagro que veremos hoy nos dará un punto de partida, pues en él conoceremos a un hombre que su imposibilidad para oír, lo tenía incapacitado para hablar. Pero tuvo un encuentro con Jesús y su vida cambió de manera radical.
Este relato sólo es narrado por Marcos, capítulo 7, versículos 31-37. Estaba Jesús con sus discípulos del lago gentil del mar de Galilea. Es decir, en las tierras habitadas por personas no judías. Aun cuando la intención de Jesús al pasar a esta orilla del mar, era dedicar tiempo a solas con sus discípulos, su fama se había corrido como pólvora aun en este lugar gracias a muchos que habían sido sanados y liberados en estas tierras. Así que, Marcos nos cuenta en el versículo 32 que:
“Allí le llevaron a un sordo tartamudo, y le suplicaban que pusiera las manos sobre él.”
CONVERSEMOS SOBRE EL RELATO
Marcos nos da una explicación clara de las condiciones de aquel hombre. El término que se traduce “sordo”, literalmente quiere decir: “golpeado, sin filo”, el cual se usaba para referirse a una espada inservible y de allí su uso figurado para la sordera. Literalmente, llevaron ante Jesús a un hombre con “oídos inútiles.” Pero además era “tartamudo”, y una vez más, Marcos nos deja ver cuál era la condición real, pues el término da la idea de alguien que habla con dificultad. Se usaba para referirse a la tartamudez, pero también a los sonidos ininteligibles que producen los sordos que no gesticulan bien el habla, porque nunca han oído hablar. Tal era el caso de este hombre traído ante Jesús.
Para el mundo gentil, es decir no judío, este milagro representaba la ilustración de su condición ante la Palabra de Dios. Ellos no la conocían, por lo que estaban imposibilitados para vivir una vida de obediencia a su voluntad. Necesitaban ser liberados de su sordera espiritual, para que, siendo capaces de oír efectivamente la voz de Dios, su carácter y su conducta pudieran tener un fundamento que los llevara a esa vida plena que Cristo vino a traernos.
Así que, al recibir de mano de Jesús, el don de la audición y junto a él la capacidad para hablar, este hombre nos dejó un ejemplo suficiente para saber que:
EN JESÚS TENEMOS LA VOZ QUE NOS GUÍA HACIA UNA VIDA PLENA
No ser capaces de oír esa voz, nos hace incapaces de experimentar esa vida.
Veamos en la dinámica que llevó a este hombre a alcanzar el regalo de la audición, dos principios que nos ayudarán a encontrarnos (o rencontrarnos) con esa audición espiritual indispensable, para conocer lo que Dios quiere de nosotros.
El 1ero lo llamaremos, El Principio de las Relaciones Sanas. A diferencia de los milagros anteriores, la incapacidad para oír de este hombre, fue una barrera que no le permitió saber de Cristo previamente. Así que, llegó hasta Jesús gracias a aquellos que lo llevaron a Él. Rodearnos de personas que nos conduzcan hasta Cristo, es esencial para que nuestros oídos espirituales sean abiertos. Notemos algunos detalles del relato de Marcos al respecto. Versículo 32:
“Allí le llevaron a un sordo tartamudo, y le suplicaban que pusiera las manos sobre él.”
No sabemos nada acerca de estas personas. Y la razón por la que Marcos omitió detalles acerca de ellos, es porque su objetivo era llevar al hombre sordo ante Jesús y simplemente salir de escena. Esta es una cualidad que deben tener aquellos que desean conducir a otros a Cristo. Éstos no están buscando protagonismo alguno. No persiguen una recompensa por el buen gesto, ni están tratando de posicionarse en el reino de los cielos. Mucho menos desean mediar entre nosotros y Él. Sencillamente han entendido que aquello que carecemos, abunda en Cristo, así que nos conducen hasta Él y se retiran silenciosamente, para que podamos conocerlo plena, personal y profundamente.
Otra cualidad que podemos ver en estas personas anónimas, es que no pararon de suplicar al Señor que pusiera sus manos sobre este hombre. La intercesión es una virtud que todo el que desea guiar a otros a Jesús debe aprender a practicar. El término que usó Marcos para describir la actitud de estos intercesores, da la idea de mantenerse continuamente al lado de alguien para consolarlo, animarlo y exhortarlo. Así que, además de llevarlo a Jesús, estos héroes anónimos habían aceptado la misión de ayudarlo a llevar sus cargas durante todo el tiempo que durara su encuentro con el Señor.
¡Gracias a Dios por esos intercesores que han aceptado el reto de ayudarnos a llevar nuestras cargas a Jesús! Pues al igual que este hombre, los necesitamos continuamente.
El 2do Principio lo llamaremos El Principio de la Relación Cercana. Marcos continúa el relato de la siguiente manera. Versículos 33 al 35:
“Jesús lo apartó de la multitud para estar a solas con él, le puso los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. Luego mirando al cielo suspiró profundamente y le dijo: ─¡Efatá! (que significa: ¡Ábrete!). Con esto, se le abrieron los oídos al hombre, se le destrabó la lengua y comenzó a hablar normalmente.”
Si deseamos desarrollar nuestra audición espiritual, es necesario cultivar el hábito de estar a solas con Jesús. Allí, reflexionando continuamente en la Biblia, que es su Palabra, y dedicando tiempo para hablar con Él en oración, recibiremos su plenitud en medio de nuestras carencias.
Para este hombre apartarse a solas con Jesús, fue una experiencia muy especial. Jesús podía sanarlo con sólo decirlo, pero decidió dedicar tiempo para estar con él, identificándose con su condición amorosamente. Debemos interpretar todo lo que hizo el Señor, como los gestos necesarios para hacerse entender. Al tocar sus oídos, el Señor le mostró que conocía la raíz de su problema; al escupir, le mostró que su intención era sanarlo, pues tanto para los gentiles como para los judíos, la saliva era considerada medicinal.
Así que, no resultó difícil entender la intención de Jesús al usar la saliva para tocar su lengua. Ahora, al mirar al cielo, le mostró a aquel hombre, el origen del poder de su sanidad y al gemir profundamente, se identificó con su dolor por aquella condición tan terrible. Finalmente, Marcos nos dejó el registro de la palabra en arameo, para mostrar que las bendiciones del Dios de los judíos, también alcanzan a aquellos que no lo son.
En el Señor, este hombre sordo y por consecuencia mudo, encontró sanidad para su condición (la sordera) y al ser sanado de ella comenzó a hablar. Es decir, ahora podía oír y le fue dada la capacidad para actuar en consecuencia (hablar).
En la soledad de nuestro tiempo con el Señor, nuestra sordera espiritual será sanada y seremos liberados en consecuencia, de las ataduras que nos impiden vivir una vida plena.
REFLEXIONEMOS SOBRE LO ANTERIOR
La pregunta es: ¿Cómo está tu audición espiritual? Debes saber que sin oír la voz de Dios, es imposible vivir una vida plena. Así que, fortalece esas relaciones que pueden ayudarte a llevar tus cargas a Jesús y comienza a construir tu relación personal Él. Entonces, en la intimidad de su presencia, tus oídos espirituales serán abiertos y en la medida que lo sean, comenzarás a caminar en la plenitud de Cristo.
OREMOS
Toma un tiempo para presentarte ante el Señor en oración. Te animo a encontrarte o rencontrarte con la voz de Dios. En Él, tendrás el fundamento necesario para tu carácter, la motivación precisa para tu conducta y la plenitud que tu vida tanto necesita.




