DEVOCIONALES

DEVOCIONAL: JESÚS, LUZ EN LA OSCURIDAD #DÍA 12

por | Feb 2, 2026 | En su presencia | 0 Comentarios

Lee Mateo 9:27-31

Cierta historia cuenta acerca de dos granjeros que necesitaban lluvia para su siembra, pues ese año se vivía una sequía terriblemente grande. Ambos granjeros, preocupados por el futuro de sus sembradíos, se dispusieron a orar fervientemente a Dios. Pidieron que llegara hasta ellos la lluvia oportuna, para que el trabajo de sus tierras pudiera ser productivo.

Después de varios días de oración intensa, uno de los granjeros esperó en su casa la respuesta a su petición. En tanto que el otro, se fue al campo a preparar la tierra para la siembra. Si somos justos debemos decir que ambos manifestaron una fe fiel, pues oraron al único Dios que podía mandarles la lluvia y ambos manifestaron una fe ferviente, ya que se mantuvieron firmes en oración hasta que el momento de la siembra llegó. Pero sólo uno actuó de manera correspondiente a la fe que tenía. Sin dudas, fue este quien pudo aprovechar al máximo la respuesta de Dios a su humilde petición.

Agustín de Hipona dijo:

“Fe es creer lo que no vemos, y la recompensa de esta fe consiste en ver lo que creemos”.

Describir la fe como la capacidad de “creer en lo que no vemos”, puede resultar irónico ante el milagro que consideraremos el día de hoy, porque en él nos encontraremos con dos hombres que literalmente no podían ver, pero aun así, se mantuvieron viendo todo el tiempo.

Este relato se encuentra sólo en el libro de Mateo 9:27-31 y viene a mostrar otro atributo mesiánico de Jesús, que fue escrito más de cuatrocientos años antes de su nacimiento en Isaías 42:7, el cual dice refiriéndose al Mesías:

“Para que abras los ojos de los ciegos, saques de la cárcel a los presos, y de prisión a los que están en tinieblas. 

Debemos saber que el propósito central de Mateo, era mostrar a los judíos el carácter absolutamente mesiánico de Jesús. Por lo que, en palabras del profesor Samuel Pérez Millos podemos decir que, “Mateo estaba más interesado en la cristología que en la cronología”. Por lo que ordenó cada evento para que pudiéramos ver en Jesús al Mesías prometido.

CONVERSEMOS SOBRE EL EVENTO

Así pues, una vez ocurrido la sanidad de la mujer del flujo de sangre y la resurrección de la hija de Jairo, que consideraremos en su momento, dos ciegos comenzaron a seguir a Jesús, “…gritando: ¡Hijo de David! ¡Ten misericordia de nosotros!” Esta dinámica duró todo el recorrido hasta que Jesús entró en la “casa”. Podemos entender que se trataba de la casa que Pedro tenía en Capernaum y que se volvió el lugar de residencia de Jesús durante su tiempo allí.

Lo cierto es que Jesús no se volvió a ellos, sino hasta llegar a aquella “casa”. Allí les preguntó: “¿Creen que puedo sanarlos?” A lo que ellos respondieron: “Sí, Señor”. Lo que sucedió inmediatamente después, simplemente evidenció lo que estos dos hombres ya eran capaces de ver espiritualmente. Dejando demostrado con suma claridad que:

AL DEPOSITAR NUESTRA FE EN JESÚS, TODA OSCURIDAD ES DISIPADA

Tal como lo profetizó Isaías, tanto la oscuridad espiritual que nos impide ver a Cristo como Señor y Salvador, como aquella que viene de las prisiones emocionales y físicas que nos atan a recuerdos llenos de amargura, incapacidad y dolor, han venido a ser disueltas por el amor, el consuelo y el poder de Jesús.

Dejemos que sea la capacidad de creer “en aquello que no podían ver”, de estos dos hombres ciegos, lo que nos permita reflexionar sobre dos principios claves para desarrollar una fe en Jesús que disipe toda oscuridad en nuestra vida.

El 1ro de estos principios es, Una fe que disipa la oscuridad, es capaz de mantenerse viendo a Jesús aun en medio de las dificultades que pretendan opacar su presencia. Recordemos que estos hombres eran ciegos. Lo más probable es que no lo fueran de nacimiento, lo cual podría añadir más dolor a su condición. Pues como lo dijo Dante en su “Divina Comedia”: “No hay mayor dolor que acordarse del tiempo feliz en la miseria…” La ceguera era un problema bastante común en Israel en este tiempo.

El Dr. Merrill Unger señala que, “Las causas de la ceguera eran múltiples: el calor, la luz del sol, el polvo y principalmente los malos hábitos de higiene en el pueblo, todo ello contribuía a la extensión de la enfermedad que con frecuencia en un solo día podía destruir la vista.”

En la sociedad del tiempo de Jesús, se creía que todo mal físico era castigo de Dios por algún pecado. Así que, quien tenía algún padecimiento evidente, era rechazado y obligado a vivir de la mendicidad. Tal era el caso de estos dos hombres que al venir a Jesús, reconocía que no tenían nada que ofrecer y clamaron a gritos abiertamente por  misericordia. Es decir, pedían al Señor que pusiera su corazón en la miseria de ellos. Pero en el clamor de estos hombres invidentes, había una marca de visión perfecta. Mateo nos relata que pedían a gritos a Jesús:

“¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David!”

El título de “Hijo de David”, es absolutamente mesiánico. Llamarlo así, reconocía que Jesús era descendiente de David, y por lo tanto tenía derecho al trono. Por otro lado, este nombre implicaba que Jesús era el salvador de Israel y finalmente, Hijo de David, también le daba a Jesús un carácter divino al declararle dueño del mundo. Los líderes religiosos de la época se negaron a aceptar este título para Jesús, pero estos ciegos llenos de la visión del Espíritu Santo, pudieron verlo con claridad.

El mayor problemas que enfrentamos al atravesar una situación difícil, más que el hecho en sí, es la incapacidad de ver a Jesús que esta nos produzca. Cuando llevamos e insistimos, como estos hombres lo hicieron, nuestras flaquezas y nuestras luchas ante el Señor, entonces podremos ver su rostro mucho más brillante que toda oscuridad que nos esté cubriendo.

Y el 2do principio es, Una fe que disipa la oscuridad, es capaz de ver el poder de Jesús actuar en las cosas que aun no han sido superadas. Recordemos que en la dinámica de Dios, no es “ver para creer”, sino “creer para ver”. Por lo que el Señor le pregunta a estos dos ciegos: “¿Creen que puedo sanarlos?” Y ellos respondieron: “Sí, Señor”. Esta pregunta confrontó a estos hombres con la necesidad de revisar sus convicciones más profundas. El término “creer” da la idea de estar plenamente seguros, de que aquello que no había sido hecho, Jesús tenía el poder para hacerlo.

La respuesta dejó por fuera toda posible duda. Además de la afirmación categórica, dieron a Jesús un segundo título: “Señor, el cual no debe ser confundido con una simple expresión de respeto. Este es el término “Señor” que los emperadores romanos reclamaban para sí, en su intención de ser adorados como dioses. Así que, no sólo reconocían a Jesús como el Mesías, sino como Dios hecho hombre también y por lo tanto con absoluto poder para hacer que aquello que no es, sencillamente, sea.

Para estos hombres, Jesús colocó una medida a través de la cual accedieron a su gracia, “la fe”. El versículo 29 nos narra el desenlace de este maravilloso encuentro: “Entonces les tocó los ojos y les dijo: ─se hará con ustedes conforme a su fe. Y recobraron la vista.”

Más que el tamaño de la fe de estos hombres, hay que destacar el objeto de la fe. El cual fue Jesús. Si depositamos toda nuestra confianza en Jesús, nunca seremos defraudados y nunca más volveremos a caminar en oscuridad.

REFLEXIONEMOS SOBRE LO ANTERIOR

La pregunta es: ¿Hay situaciones en tu vida que te impiden ver a Jesús en medio de ellas? ¿Puedes ver aquello que no es, como si fuese? Todo lo que nos impida ver a Jesús como nuestro Salvador y nuestro Señor, está causándonos ceguera espiritual. Podremos tener visión 20/20, pero en realidad no estamos viendo nada. Mantén tu mirada puesta en Cristo, aun cuando las circunstancias a tu alrededor pretendan nublar tus ojos. Pues Él es quien puede hacer las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos.

OREMOS

Toma un tiempo para presentarte ante el Señor en oración. Te invito a fortalecer tu fe en Jesús, reconociéndolo como tu Salvador y Señor. No permitas que ninguna situación, por difícil, dolorosa u oscura que sea, te impidan mantener tu mirada puesta en Él. Pues la fe es esa capacidad de ver lo que no es, como si fuese. Así que, sal. Prepara tu campo y comienza a sembrar.

Escucha la BBN Internacional en Linea

Videos más recientes