DEVOCIONALES

DEVOCIONAL: JESÚS, CONSUELO ANTE LAS NECESIDADES MÁS ÍNTIMAS #DÍA 11

por | Feb 2, 2026 | En su presencia | 0 Comentarios

Lee Mateo 9:20-22; Marcos 5:25-34 y Lucas 8:43-48.

En el libro, “La Vida es Sueño” de Calderón de la Barca, nos encontramos con un diálogo entre Rosaura y Segismundo, en el que ella se ve reflejada en la terrible vida de injusto encierro al que fue sometido este desdichado príncipe y se siente afortunada, a pesar de todas las penas de las que tanto se ha quejado. Rosaura, llena de compasión responde al triste Segismundo con el siguiente verso: “Cuentan de un sabio que un día tan pobre y mísero estaba que sólo se sustentaba de unas hierbas que cogía. «¿Habrá otro ─entre sí decía─ más pobre y triste que yo?» Y cuando el rostro volvió hallo la respuesta, viendo que iba otro sabio cogiendo las hojas que él arrojó”.

Todos hemos pasado por situaciones difíciles, y al igual que Rosaura, tal vez hemos creído que nadie ha enfrentado alguna prueba tan fuerte, injusta y cruel como la que atravesamos nosotros. Como alguien dijo alguna vez:  “Sonrío y no por eso soy feliz, pero a veces sonrío para ocultar la tristeza.”

En el milagro que consideraremos hoy, nos encontraremos con una multitud de personas rodeando a Jesús, cargados de situaciones que requerían atención. Pero escondida entre las sombras, estaba una mujer, con una profunda pena en el corazón que requería de restauración y consuelo inmediato.

Este evento está registrado en los tres evangelios sinópticos, es decir, en Mateo 9:20-22; Marcos 5:25-34 y Lucas 8:43-48.

Lucas nos relata que Jesús al llegar a Capernaum del otro lado del mar de Galilea,  “…la multitud le dio la bienvenida, pues todos lo estaban esperando.” De esta gran cantidad de personas, muchos procuraban recibir algo del Señor y lo rodeaban hasta el punto de dificultar su avance. Más adelante, en el versículo 45, nos dice que lo “apretaban y oprimían”. El primer término da la idea de comprimir varias cosas agolpadas y el segundo se usaba para describir el proceso de prensado de las uvas en la elaboración del vino. Es decir, la multitud estaba, literalmente, apretujando a Jesús, porque deseaban estar cerca de Él.

CONVERSEMOS SOBRE EL EVENTO

En medio de esta conmoción, una mujer logró colarse entre la multitud y tocó uno de los flecos de la parte de atrás del manto de Jesús. Se trataba de alguien que padecía una terrible enfermedad desde hacía doce años. Ella, había oído hablar tantas maravillas acerca de Jesús, que en medio de su debilidad, tomó fuerzas para acercársele, lo más secretamente posible.

Su intención era tocar el borde de su manto. Mateo versículo 21, nos señala que en la medida que trataba de abrirse paso en medio de toda la multitud que apretujaba al Señor, se repetía a sí misma: “si al menos logro tocar su manto quedaré sana”. Este era un pensamiento continuo en su mente que le daba ánimo para soportar los empujones y los golpes de todas aquellas personas que nos estarían dispuestos a ceder su espacio cerca de Jesús.

Finalmente, logró tocar una de las borlas del manto exterior del Señor. Y al lograr hacerlo sucedió algo mucho más grande que aquello que esperaba recibir en su encuentro secreto. Aquel simple toque dejó en evidencia que:

EN JESÚS HAY CONSUELO PLENO, PARA LAS NECESIDADES MÁS ÍNTIMAS DE NUESTRO SER

Y es en la fe de esta mujer, que podemos ver dos verdades que debemos conocer, porque nos llevarán a descansar en el Señor todas nuestras necesidades, seguros de que en Él hallaremos ese consuelo pleno.

La 1ra verdad es que debemos conocer es, Cuando todas las posibilidades a nuestro alrededor se han agotado, el poder de Jesús continúa intacto. Lucas desde su perspectiva médica, nos dice que el problema de esta mujer era un “flujo de sangre desde hacía doce años, que no había podido ser sanado por nadie.” Técnicamente estamos frente un diagnóstico imposible para la ciencia médica del momento. Por su lado Marcos, no tiene problemas en decirnos que: “…había sufrido mucho de parte de muchos médicos, y gastado cuanto tenía sin sacar ningún provecho, más bien, empeoraba.” Las esperanzas de mejorar su estado de salud, sencillamente se habían esfumado junto con todos los recursos que alguna vez pudo tener.

Aun así, con un cuerpo totalmente debilitado por una condición anémica crónica, esta mujer soportó toda la dificultad que le implicó acercarse a Jesús, porque en su profunda convicción, se decía a sí misma: “Si al menos logro tocar su manto quedaré sana”. Lucas versículo 44, señala que tan pronto tocó aquella borla de la túnica del Señor, el flujo se detuvo instantáneamente.

Muchos de nosotros, podríamos estar hoy en una situación en la que sentimos haberlo perdido todo. Desahuciados por las circunstancias o arropados por las consecuencias de nuestras decisiones. Una fe como la que impulsó a esta mujer a buscar al Señor, también nos guiará a nosotros a conseguir en Jesús, el poder necesario para lograr vencer.

La 2da verdad que debemos conocer es, Aun cuando nuestra condición nos haya llevado a ser despreciados por todos los que nos rodean, el amor de Jesús por nosotros continuará intacto. Además del deterioro físico que un flujo menstrual continuo le pudo causar a esta mujer, estaba también su condición ante la ley mosaica. Levítico 15:25-27, señala que si una mujer tenía un flujo de sangre fuera de su menstruación, estaría impura por todo el tiempo que durara este flujo. Todo lo que tocara quedaría impuro y quien la tocar a ella o lo tocado por ella, también quedaría impuro.

El comentarista William Barclay afirma, con relación a esta mujer, lo siguiente:

“Desde el punto de vista judío esta mujer no podía haber sufrido de ninguna enfermedad más terrible y humillante que el flujo de sangre.” 

Ciertamente, las mujeres que padecían este mal eran sacadas de la sociedad y obligadas a vivir en lugares apartados. Tenían absolutamente prohibido acercarse al templo para adorar, pues eran tratadas y despreciadas como una persona inmunda. Esto explica por qué deseaba pasar inadvertida ante la multitud que rodeaba a Jesús. Primero, se sentía indigna de tener un contacto directo con el Señor y segundo, sabía que si la reconocían sería obligada a alejarse de inmediato de aquel lugar.

Ya había soportado suficiente humillación y desprecio. Ya había sufrido suficiente tiempo el abandono de sus seres queridos. Era el tiempo de cambiar radicalmente su condición.

La palabra _“Sana”_, que se repetía a sí misma, abarcaba además de la salud física, la restitución de su posición en la sociedad como mujer. Pero al ser sanada en lo secreto, esta restitución no estaba garantizada. Por lo que el Señor, una vez que fue tocado por ella se detuvo y preguntó: “¿Quién me ha tocado?”  Lucas, nos dice que todos negaron haberlo hecho. Lo cual es muy extraño porque lo estaban apretando. El mismo Pedro le dijo al Señor: “Maestro, la multitud te apretuja y te oprime”. Pero el Señor sabía que había salido poder de Él. Así que, comenzó a mirar profundamente a su alrededor, buscando a aquella mujer, la cual no tuvo otra alternativa que salir de las sombras.

En torno a esto, Lucas nos da algunos detalles que son tremendamente importantes. Primero, la mujer comenzó a temblar de miedo al saberse descubierta. Segundo, declaró delante de todo el pueblo, por qué se había atrevido a tocarlo y tercero, contó lo que le sucedió cuando alcanzó a hacerlo. Y ahora sí, delante de toda aquella multitud que una vez la despreció por impura y ante aquellos que una vez la desahuciaron por su condición, Jesús le dijo: “Ten ánimo, hija, tu fe te ha salvado”. De manera recurrente vemos que el Señor le dice, ten ánimo, a aquellos que tienen temor por alguna razón. La idea es, recupera tu confianza y llénate de valor. Luego le llama hija, para destacar su aprobación y aceptación divina y finalmente alaba su fe, la cual le ha llevado a ser “salva. La frase, literalmente es, “Has recibido la sanidad, y ahora estás en perfecta salud”.

Todos los presentes fueron testigos de lo ocurrido con esta mujer, la cual podía irse en paz, pues su salud, su dignidad, su amor propio, su familia y hasta su salvación le fueron entregados por haber puesto su fe en acción.

REFLEXIONEMOS SOBRE LO ANTERIOR

Y ahora la pregunta es: ¿Cuáles son tus necesidades más íntimas? ¿Qué produce el dolor que llevas en silencio en tu corazón? Deja que la fe vibrante de esta mujer desahuciada y despreciada, inspire tu vida a actuar. Y lleva con la misma convicción, tu dolor más profundo ante el poder consolador de Jesús.

OREMOS

Toma un tiempo para presentarte ante el Señor en oración. Te invito a luchar contra aquellas barreras que te están impidiendo tener un encuentro personal con Cristo. Pon ante su presencia en oración tus prejuicios, tu amargura, tu dolor o tu temor. Pues su poder consolador puede y quiere restaurar aquello que todos dan por perdido. Aquello por lo que tú estás sufriendo en silencio.

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