Lee Mateo 14:13-21; Marcos 6:30-44, Lucas 9:10-17 y Juan 6:1-13 (trata de leer al menos dos de estos pasajes)
Eusebio de Cesarea, en su obra “Historia Eclesiástica”, describe a Jesús con las siguientes palabras: «Era como el excelente médico que, para curar la enfermedad, examina lo que es repulsivo, palpa las llagas, y siente en sí el dolor del sufrimiento de los otros». Maravillosamente, Eusebio recoge la esencia del amor de Cristo al mirar a todos aquellos que le rodeaban. Nunca con repulsión ni condena, sino con amor y misericordia.
Es esta cualidad de Jesús, la que vemos reflejada en el evento que sirvió de marco para el siguiente milagro que revisaremos. Para algunos puede sonar bastante familiar el título: “La Alimentación de los Cinco mil”, lo que en realidad es un nombre referencial, porque en este milagro pudieron saciar su hambre muchísimos más que esos. Las mujeres y los niños también comieron, y aun cuando no fueron contabilizados, podían llegar a ser tantos o más que los hombres. Así que, tenemos ante nosotros un evento en el que Jesús da de comer a una gran multitud.
Otro dato curioso de este milagro es, que es el único narrado por los cuatro evangelios. Así que tenemos ante nosotros las cuatro ópticas testimoniales de los evangelistas. Mateo 14:13-21; Marcos 6:30-44, Lucas 9:10-17 y Juan 6:1-13, son las referencias de esta señal milagrosa en cada uno de los evangelios.

Conversemos sobre el evento
Jesús mandó a sus discípulos de dos en dos a predicar el evangelio del reino por toda Galilea, para esto les dio poder y autoridad sobre demonios y enfermedades. Al regresar con el Señor, Él los llevó a un lugar solitario y apartado al otro lado del mar de Galilea, para que descansaran. Pero la multitud que los seguía se enteró y llegaron a pie hasta el lugar donde estaban descansando. Allí el Señor sanó a los enfermos, y les enseñaba con amor y autoridad acerca del Reino de Dios.
Pasada cierta hora, ya no podrían asumir el largo camino sin comer nada. Recordemos que el lugar donde estaban era apartado y desierto, por lo que comprar algo de comer no era una opción sencilla. Sin embargo, en Juan 6:5 leemos que Jesús le preguntó a Felipe “¿De dónde compraremos pan para que coma toda esta gente?” Esto lo dijo con la intención de probarlo, pues él era de la zona y conocería muy bien la dinámica económica de aquel lugar. Pero Felipe, tenía la respuesta correcta y la hallamos en el versículo 7: “Le respondió Felipe: Doscientos denarios de panes no bastarían para que cada uno tome un poco.” Es decir ¿Qué importa el dónde? ¡El problema es con qué! El salario de doscientos días de trabajo, no serían suficiente. Pero el Señor tenía todo bajo control y estaba a punto de mostrar a los presentes que:
EN JESÚS HAY SATISFACCIÓN PLENA, AUNQUE TODO PAREZCA IMPOSIBLE
De este evento hay dos principios que debemos conocer, si deseamos ser saciados por el Señor en un ambiente en el que todo parece contrario.
El primer principio es: Todo aquel que se acerca Jesús necesitado y cansado, puede contar con que hallará en Él amor y compasión abundante. Mateo 6:34 nos describe la manera como el Señor miró a toda aquella multitud que caminó más de 15 kilómetros para estar con Él.
“Cuando Jesús desembarcó, vio esa gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor.”
El término “compasión”, da la idea de una conmoción interna en la que todas las emociones, más profundas del ser, se hacen evidentes. Es decir, cuando el Señor miró a esa multitud esperándole, no los vio como un estorbo que interrumpiría su descanso, ni como una masa de pecadores y miserables que merecían el dolor y las penas que los aquejaba. Jesús sintió desde lo más profundo de su ser un amor tan grande, que no tuvo repulsión alguna al acercarse a ellos para sanar sus purulentas lepras, para calmar sus incisivas conciencias, ni para guiarlos cariñosamente a una reconciliación con el Padre.
Cuando nos acercamos a Jesús, llenos de cargas, heridas y miserias, su amor y su compasión nos cubren por completo.
El segundo principio es, En las manos de Jesús, hasta los recursos más humildes se vuelven abundantes. Andrés, el hermano de Pedro, presentó ante el Señor una alternativa. La encontramos en Juan 6:9:
“Aquí está un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos, pero, ¿qué es esto para tantos?”
El Dr. Adrian Rogers, con referencia a este niño dijo lo siguiente: “No existe ninguna persona que sea tan pequeña como para que Jesús no la use”. Ciertamente, lo que este niño tenía en sus manos era una pequeña merienda que habría llevado para sí. El pan de cebada era tenido en poco. Era como una clase inferior de pan. Algunos lo consideraban comida para animales. Por otro lado, tenía también dos “pececillos”. Estos eran algo tan pequeño, que Juan utiliza el término que se usaba para referirse a un aperitivo, para describirlos. Quizás eran dos pequeñas sardinas del mar de Galilea. Pero esto, fue el ingrediente inicial para darle a una multitud un gran festín.
Cuando entregamos a Jesús todo cuanto tenemos, y permítanme repetir, TODO cuanto tenemos, Él se encargará de transformarlo en abundante provisión para muchos.
Reflexionemos sobre lo anterior
La pregunta es: ¿Qué tienes es tus manos? Es probable que las cargas, el dolor y hasta la desesperanza que has experimentado a lo largo de tu vida, hayan opacado el valor de aquello que en verdad posees. Posiblemente, muchos han mirado con desprecio aquello que es todo para ti.
Si sientes que lo que te respalda espiritual, emocional, física y materialmente es insuficiente para satisfacer tus necesidades, entonces tráelo a Jesús. Deja que Él lo transforme y lo vuelva bendición abundante para ti y los tuyos.
Oremos
Toma un tiempo para presentarte ante el Señor en oración y trae ante Él tus pocos recursos. Entrega, sin vergüenza alguna, aquello que tienes en tus manos. Deja que su amor y compasión llenen tu vida, hasta que la transformación de “tu poco” se haga satisfacción plena para muchos.




