Se dice que hay dos tipos de persona en el mundo: “Aquellos que son millonarios, y aquellos que desean serlo”. De este último grupo de personas también hay dos tipos, los que trabajan por alcanzar lo que desean y los que prefieren envidiar.
Esto pudiera no ser totalmente cierto, pero lo que sí podemos asegurar es que la envidia es el resultado de una baja valoración de nosotros mismo que refleja un deterioro en nuestro sentido de capacidad. Es un sentimiento terrible que no sólo nos imposibilita lograr aquello que pudiéramos lograr, sino que además nos hace sufrir cuando otro logra alcanzar el éxito.
Para Pablo, el problema de la envidia y otros problemas similares, tienen solución a través del amor que viene de Dios, pues este amor no tiene defectos ni contaminantes humanos, por lo que es infinitamente superior a toda virtud que pudiéramos presumir.
El capítulo 13 de 1ra a los Corintios, es bien conocido por su descripción de este amor que viene de Dios, el cual es derramado en la vida de aquel que rinde su vida a Cristo (Romanos 5:5).
Durante esta semana veremos cada una de las características del amor que viene de Dios.
Hoy nos centraremos en las primeras tres (v. 4).
“El amor es sufrido, el amor es bondadoso, el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece...”
En primer lugar debemos saber que “El amor que viene de Dios no tiene envidia”. La idea de la palabra envidia no podemos definirla simplemente, como el deseo malsano de querer lo que otros tienen, sino que la “envidia” planteada aquí sugiere el deseo de que la otra persona no tenga lo que tiene. Es una actitud tan egoísta que dice: “si no lo tengo yo, entonces que no lo tenga nadie”.
En segundo lugar debemos saber que “El Amor que viene de Dios tampoco tiene arrogancia”. La Jactancia mencionada por Pablo, se refiere a una cualidad interna que necesita alabarse a sí mismo. El término da la idea de inflarse para hacerse más que los demás. El amor que viene de Dios es libre de este contaminante.
Por último debemos saber que “El Amor que viene de Dios no tiene vanidad”. Viendo la vanidad, como esa tendencia a permitir que las alabanzas externas lo eleven de manera desmedida. En otras palabras, el amor no se deja endulzar con alabanzas que pretenden desenfocarlo de una sana valoración de sí mismo.
Si algunos vicios podrían describirse como antónimos al amor, estos serían la envidia, la arrogancia y la vanidad, pues los tres se centran tanto en uno mismo, que dejan por fuera a los demás.
Ya que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones, debemos expresarlo en todas las áreas de nuestra vida. Es por esa razón que debemos recordar que,
El amor que viene de Dios nos capacita para vivir con una sana valoración de nosotros mismos







