La expresión, “en cuerpo y alma” comúnmente sugiere la totalidad del ser. Por ejemplo, cuando nos referimos a la presencia de cierta persona en un lugar diciendo: “estuvo presente en cuerpo y alma”, estamos destacando que no sólo estuvo allí, sino que de alguna forma se hizo sentir, a través de sus comentarios, planteamientos o conducta.
Esta es la idea que Pablo desea destacar en el versículo 1 de Romanos 12. Casi con un llamado militar, Pablo nos impulsa a enlistarnos en el ejército de Dios en “cuerpo y alma”.
Notemos las verdades resaltantes en este versículo:
“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.”
Las frases “…presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios” (v.1) y “…transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento…” (v.2), nos llama a enlistarnos en “cuerpo”, es decir, usando nuestra humanidad como un instrumento de obediencia a Dios y en “alma”, es decir, transformando continuamente aquello que sirve de fundamento para nuestras ideas, pensamiento y decisiones.
Si nuestra intención es servir a Cristo, entonces debemos hacerlo en cuerpo y alma.
Recordemos que:




