Hay muebles que vienen para ser instalados en casa. Estos, según lo que deseemos armar, pueden llegar a ser tan complejos que nos tomaría varios días de trabajo armarlos. Quien ha instalado, alguno sabe que aun con las instrucciones, la tarea puede llegar a ser muy desafiante, por lo que no exageramos al asegurar que sin ellas el asunto sería casi imposible.
De la misma manera, pensar en vivir la vida con todas sus complejidades y circunstancias, sin un manual que nos indique el camino, sería una tarea casi imposible.
En 1ra a los Tesalonicenses 4:3, el Apóstol Pablo nos da una idea clara, de cuál es el propósito de Dios con la vida de cada uno de nosotros.
“Porque la voluntad de Dios es vuestra santificación…”
Al analizar este versículo, podemos deducir dos afirmaciones muy importantes.
La primera: Dios ha dejado muy claro cuál es su propósito para sus hijos. La palabra “Voluntad” tiene la idea de algo que se desea lograr con intensidad. Así que, podríamos decir que el propósito que Dios anhela ardientemente, es nuestra “santificación”.
La segunda afirmación es: Dios desea que sus hijos quiten de su vida aquello que le impide cumplir con su propósito. La palabra “santificación”, se refiere a una conducta distinta a la del mundo que nos rodea. Más aun, distinta a lo que nuestros propios patrones morales nos impulsan a tener.
El asunto de la santificación, está en romper con esos hábitos conductuales que nos impiden alcanzar el plan de Dios para nuestra vida. Es decir, cuando sometemos los patrones que rigen nuestra conducta a los principios Bíblicos, cumplimos el propósito de Dios y estaremos en consecuencia, viviendo en santidad.
Recordemos que:




