El poeta romano, Ovidio dijo: “No se desea lo que no se conoce.” El problema viene cuando aquello que no se conoce, y por ende no se desea, es vital para nosotros. Tal es el espíritu de lo que el apóstol Pedro nos quiere transmitir, en el pasaje que vamos a estar considerando durante toda esta semana.
La Biblia, es el fundamento de nuestra nueva vida en Cristo, es la garantía de nuestro nuevo nacimiento y el agente motivador de nuestra santidad.
En 1ra de Pedro 2:1-3, se nos expresa lo siguiente:
“Por lo tanto, abandonando toda maldad y todo engaño, hipocresía, envidias y toda calumnia, deseen con ansias la leche pura de la palabra, como niños recién nacidos. Así, por medio de ella, crecerán en su salvación, ahora que han probado lo bueno que es el Señor.”
La frase: “…deseen con ansias la leche pura de la palabra…” nos habla de la constancia e intensidad, con la que debemos anhelar acercarnos a ella para conocerla a profundidad.
Si no hacemos del estudio de la Palabra de Dios un hábito diario en el que invertimos tiempo para 1) Leerla, 2) meditar en ella, 3) tomar nota de lo leído, 4) memorizarla, 5) Aplicarla y 6) obedecerla, nuestro “desarrollo espiritual” será una tarea imposible.
Recordemos que…




