Mateo 28:18-20 Jesús se acercó entonces a ellos y les dijo: —Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.
Para desarrollar nuestro cuarto valor: “EVANGELISTAS EN NUESTRO ESTILO DE VIDA”, debemos considerar dos asuntos claves. En primer lugar, el alcance de este valor. Cuando nos referimos a ser “evangelista” estamos hablando no del Don que es señalado en Efesios 4:11, sino a la acción de anunciar el mensaje de Jesucristo, que es un llamado que nos atañe a todos. En segundo lugar, consideremos el valor. El término “evangelios” literalmente quiere decir “buenas noticias” o “buenas nuevas”.
El término evangelizar señala la acción de anunciar esas buenas noticias. En un primer momento, la palabra fue utilizada para el portavoz de guerra cuando llevaba la información de la victoria. Era recibido con gran alegría porque llevaba felicidad al pueblo devolviéndole el sentido de libertad que se veía amenazado por el ejército enemigo. En este sentido, la palabra “evangelio” comenzó a utilizarse para referirse al mensaje de salvación a través de Jesucristo. El portador del mensaje es un evangelista y todos nosotros, que hemos tenido un encuentro personal con Cristo, somos llamados a “evangelizar”.
Tenemos el mensaje de la victoria de Cristo en la cruz sobre el pecado que nos condenaba y nos tenía esclavizados. Ahora bien, el fin que persigue todo evangelista es formar discípulos de Cristo. Ser evangelista en nuestro estilo de vida, es ver en todo aquel que no conoce de Cristo un potencial discípulo de Él.
En este sentido, debemos analizar el pasaje de Mateo 28:18-20 como una comisión encomendada a cada creyente en lo individual y no a un grupo específico de personas o a la iglesia. Veamos cómo aplica:
- Ser evangelistas en nuestro estilo de vida nos exige ir en busca de todo aquel que no ha tenido un encuentro personal con Cristo. Cuando el Señor nos anima a “ir” no le está hablando a la iglesia como organismo (aun cuando aplica en el trabajo colectivo), ni nos está llamando a trazar estrategias de alcance eclesiástico (aun cuando son válidas), es más bien un llamado a cada creyente a vivir de manera tal que se sienta movido hacia el no creyente y le alcance. Nuestra manera de ir al no creyente implica la comunicación del mensaje, el cual cuenta con cuatro recursos para hacerlo:
- Nuestra manera de vivir. El ejemplo que nuestra vida puede mostrar a aquellos que no han tenido un encuentro personal con Cristo es tremendamente evangelístico. Pablo les dijo a los corintios: “Nuestra carta sois vosotros, escrita en nuestro corazón, conocida y leída por todos los hombres.” Es decir, los creyentes de Corinto eran una carta abierta a todos que expresaba la eficacia del trabajo de Pablo.
Ellos a través de su vida dejaban ver el poder del evangelio. Todo creyente debe saber que podría dar un gran mensaje sin pronunciar una sola palabra. El cristiano Firme en los Principios Bíblicos, Santo en su Conducta y Amoroso en sus Relaciones, hace evidente la victoria, la libertad, el gozo y la paz que vienen de Cristo. Además el orden y la belleza que sólo Cristo le puede dar a todas las esferas de la vida. Ser un cristiano lleno del Espíritu de Dios mostrará el propósito de Dios sobre su familia, su profesión, su integridad, su carácter, etc.
Logrando que quien no ha depositado su confianza en Cristo desee tener aquello que caracteriza la vida del creyente. Esto no se trata de una apariencia religiosa, sino de una auténtica vida que vale la pena vivir. Ser evangelistas en nuestro estilo de vida nos exige saber que el único contacto que algunos tendrán con la Palabra de Dios es el que leerán en la epístola de nuestra vida.
- Nuestro Testimonio. Cuando nos referimos al testimonio estamos enfocando el relato de nuestra vida. Esa dinámica en la que tuvimos un encuentro personal con Cristo y nuestra vida cambió. El testimonio del creyente debe ser compartido, por lo que vale la pena pensar en ello para tenerlo claro. En Hechos 1:8 el Señor dejó claro el propósito de cada creyente: “Pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes. Y serán mis testigos, y le hablarán a la gente acerca de mí en todas partes: en Jerusalén, por toda Judea, en Samaria y hasta los lugares más lejanos de la tierra.”
El Espíritu Santo nos ha dado poder para ser “testigos”, lo cual sugiere dar fe de algo que se ha visto, se ha oído o se conoce, con la particularidad de estar dispuesto a llegar hasta la muerte por defender aquello. Para ser un Apóstol era necesario ser testigo de primera mano del ministerio terrenal de Jesús (Hechos 1:21-22), pero para cumplir la gran comisión, es necesario ser testigos de primera mano del poder del evangelio de Cristo. Todos tenemos un testimonio que contar. Más aún, cada área de nuestra vida tiene algo que contar de las maravillas de Dios en nuestra vida.
- La Palabra de Dios. El siguiente recurso que tiene el cristiano para llevar el evangelio es el conocimiento de la Palabra de Dios. ¿Qué es lo que hace de nosotros personas distintas? La sujeción a la Palabra de Dios. Todo debe llevar al que no ha tenido un encuentro personal con Cristo al contexto de la Biblia, de ella depende toda nuestra fe.
Una vez más Pablo le dijo a los Corintios: “Además, os recuerdo hermanos, el evangelio que os prediqué, que también recibisteis, y en el cual perseveráis firmes. Por este evangelio sois salvos, si retenéis firmes la palabra que os he predicado. Si no, creísteis en vano. Porque primero os trasmití lo que yo mismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado, y resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; que apareció a Cefas, y después a los doce.” Todo depende de las Escrituras y es allí donde debemos ir siempre.
Conocerla para animar, aconsejar, exhortar, guiar, etc. Es esencial para mostrar a los que no tienen a Cristo el camino de la vida. Cuán útil es el cristiano que sin aburrir sabe usar la Biblia de manera edificante o los hogares que invitan de manera informal a sus vecinos y allegados para compartir con ellos la Palabra de Dios. No es necesario ser eruditos Bíblicos, sólo compartir aquellos pasajes a través de los cuales el Señor ha hablado a nuestra vida.
- La Iglesia. Debemos saber que contamos con el cuerpo de Cristo para hacer del evangelismo nuestro estilo de vida. La iglesia es una familia donde todos estamos enfocados en ser discípulos de Cristo. Ser parte de este cuerpo nos hace parte de una agrupación creada por Dios para que no estemos solos. Refiriéndose a la iglesia Jesús dijo estas palabras: “Porque donde están dos o tres reunidos en mi Nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.
- Nuestra manera de vivir. El ejemplo que nuestra vida puede mostrar a aquellos que no han tenido un encuentro personal con Cristo es tremendamente evangelístico. Pablo les dijo a los corintios: “Nuestra carta sois vosotros, escrita en nuestro corazón, conocida y leída por todos los hombres.” Es decir, los creyentes de Corinto eran una carta abierta a todos que expresaba la eficacia del trabajo de Pablo.
- Ser evangelista en nuestro estilo de Vida nos exige velar por la consolidación de las convicciones de cada nuevo creyente. Por mucho tiempo se ha manejado el asunto de evangelizar sólo como el acto de compartir el mensaje, pero en realidad, como ya lo hemos visto, esto es sólo el primer paso. Cuando un creyente ha desarrollado un estilo de vida centrado en compartir el mensaje de Jesucristo, su preocupación va mucho más allá, pues no sólo busca la conversión de los demás, sino el fortalecimiento de su convicción.
Cuando el Señor nos indica que debemos ir y “…bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.” (Mat. 28: 19) en realidad nos está mandando a fortalecer las convicciones de aquellos que en un primer momento se muestran favorables al mensaje del evangelio. El acto de consolidar las convicciones, muy bien representado en el acto del bautismo, tiene al menos tres elementos que debemos considerar para hacernos parte:
- Un guía personal. Es muy complejo para que alguien pueda fortalecer sus convicciones si no cuenta con una guía personal. Esta es la clave de este proceso. Si recordamos el evento entre Felipe y el Etíope nos encontraremos con un hombre piadoso, el etíope, pero con tantas dudas que dificultaban el establecimiento de su fe. Ante un pasaje crucial en el libro de Isaías este funcionario necesitó la asistencia de alguien. Así que tenemos el encuentro narrado en Hechos 8: 34-35 NTV: “El eunuco le preguntó a Felipe: «Dime, ¿hablaba el profeta acerca de sí mismo o de alguien más?». Entonces, comenzando con esa misma porción de la Escritura, Felipe le habló de la Buena Noticia acerca de Jesús.”
Cuando somos evangelistas en nuestro estilo de vida deseamos hacer fuertes las convicciones de aquellos que están abriendo su corazón a Jesús, lo cual amerita que juntos podamos estudiar la Biblia. Esto no nos exige ser maestros sobresalientes de las escrituras, sino personas dispuestas a ser usados al estudiar junto a otros las verdades fundamentales del evangelio. Un evangelista en su estilo de vida se toma el tiempo para compartir principios de la Palabra de Dios con aquellos que están comenzando.
- Un Guía Motivacional. Ahora el etíope comprende algunas verdades complejas, lo cual debe llevarlo a tomar decisiones importantes. Ser evangelistas en nuestro estilo de vida nos debe impulsar a confrontar, en la medida que las verdades fundamentales del evangelio son compartidas, a vivir una vida de obediencia a Dios.
En realidad el bautismo en sí es el primer acto de obediencia que Dios espera de todo aquel que decide depositar su confianza en Él. De allí el planteamiento entre Felipe y el etíope: “Mientras iban por el camino, llegaron a un lugar donde había agua, y dijo el eunuco: ―Mire usted, aquí hay agua. ¿Qué impide que yo sea bautizado? —Si cree usted de todo corazón, bien puede —le dijo Felipe. / —Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios —contestó el hombre. Entonces mandó parar la carroza, y ambos bajaron al agua, y Felipe lo bautizó.” (Hechos 8:36-38 NVI).
Ante la realidad del bautismo, Felipe confirmó el tema central del evangelio ¿En qué crees? Este es el elemento fundamental para el bautismo. Cuando somos evangelistas en nuestro estilo de vida y nos hemos mostrado como guías personales, podemos ser guías motivacionales impulsando a quienes están a nuestro lado a la obediencia a Dios.
- Un Guía Familiar. El Bautismo es esencialmente el acto de obediencia a través del cual el creyente declara públicamente su decisión de seguir a Cristo y eso a su vez le identifica como parte de la familia de Dios. Cuando somos evangelistas en nuestro estilo de vida, podemos hacer que aquellas marcas llenas de religiosidad y tradicionalismo que se hallan entorno al bautismo, sean quitadas. Todo aquel que desea seguir a Cristo debe ver el acto del bautismo como el abrazo cariñoso de una iglesia que lo recibe con amor familiar. Alguien dijo que el bautismo es para el creyente como los votos para el novio, un compromiso a través del cual decide vivir para la gloria de Dios en el contexto de la iglesia local. Un consolidador efectivo lleva a quien desea depositar su confianza en Cristo a comprender que para su desarrollo cristiano requiere ser parte de una familia.
Cerremos la idea desarrollada hasta ahora de la siguiente manera:
- Es necesario que todo portador de buenas noticias se preocupe por el fortalecimiento de las convicciones de quienes han manifestado su deseo de seguir a Cristo.
- Para ayudar a otros a fortalecer sus convicciones, yo puedo guiarlos a estudiar la Biblia para conocer los fundamentos de la fe. Esto lo puedo hacer compartiendo devocionales con ellos, llevándolos a estudios bíblicos, formando células de estudio en hogares, etc.
- Cuando establezco una relación de guía, es más simple para mí confrontar con decisiones que impulsen a la obediencia. Llevar a la reflexión es fundamental en la consolidación.
- La motivación al bautismo debe estar enfocada en la obediencia y en la relación. Quien se bautiza debe saber que tiene una familia que lo respalda.
- Un guía personal. Es muy complejo para que alguien pueda fortalecer sus convicciones si no cuenta con una guía personal. Esta es la clave de este proceso. Si recordamos el evento entre Felipe y el Etíope nos encontraremos con un hombre piadoso, el etíope, pero con tantas dudas que dificultaban el establecimiento de su fe. Ante un pasaje crucial en el libro de Isaías este funcionario necesitó la asistencia de alguien. Así que tenemos el encuentro narrado en Hechos 8: 34-35 NTV: “El eunuco le preguntó a Felipe: «Dime, ¿hablaba el profeta acerca de sí mismo o de alguien más?». Entonces, comenzando con esa misma porción de la Escritura, Felipe le habló de la Buena Noticia acerca de Jesús.”
- Ser evangelistas en nuestro estilo de vida nos exige estar conscientes de nuestra condición de discípulos. Si observamos bien el pasaje que hemos denominado “La Gran Comisión”, podremos notar que el llamado no es a evangelizar, ni a consolidar, ni a enseñar sin un propósito claro.
“La Gran Comisión” tiene como propósito fundamental Hacer discípulos de todas las naciones. Para lo cual el “ir” (vayan, en el texto) es una acción necesaria y lógica, para que el propósito pueda ser alcanzado. A este acto de “ir” lo hemos estudiado aquí como aquello que nos mueve a buscar a todo aquel que no ha tenido un encuentro personal con Cristo, como lo vimos en el punto uno de este valor.
En el mismo espíritu de “La Gran Comisión” lo segundo que se nos exige es “bautizar”, lo cual representa un segundo paso para alcanzar el propósito de hacer discípulos. Bautizar nos habla de velar por la consolidación de las convicciones de cada nuevo creyente, como bien lo vimos en la segunda sección de este valor. Y finalmente el Señor da un tercer paso para alcanzar el propósito de “hacer discípulos”: La Enseñanza. “…enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes.” Esta tarea es el paso que no termina nunca, por lo que todo creyente es un discípulo en construcción. Como discípulos en construcción hay tres áreas que debemos desarrollar diariamente:
- Un discípulo en construcción desarrolla el hábito de conocer a diario la Palabra de Dios. No existe un recurso que nos enseñe a obedecer los mandamientos de Dios que no sea la Biblia. En ella tenemos todo lo que requerimos para alcanzar nuestro desarrollo como cristianos.
La tarea más importante de la iglesia contemporánea es motivar a cada creyente a que forme este hábito en su vida, pues sin él no podremos conocer lo que Dios espera de nosotros y por ende no avanzar en el desarrollo de nuestro discipulado. Pablo le habla a Timoteo del tremendo valor de las Escrituras al decirle: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y es útil para la enseñanza, para la refutación del error, para la corrección, para la instrucción en la justicia, a fin de que el hombre de Dios esté completamente calificado, equipado para toda buena obra.” (2 Timoteo 3:16-17 BTX) Note lo siguiente:
- La Biblia Enseña. Nos muestra qué creer. Recordemos que ella es la Verdad Absoluta, por lo tanto debemos depositar nuestra confianza en ella.
- La Biblia Refuta el Error. Nos muestra qué no creer. Al mostrarnos la verdad, el error que ha funcionado como principio para nuestra vida, queda al descubierto para luego ser desmantelado.
- La Biblia Corrige. Nos dice qué no hacer. Ella nos guiará para formar nuestro carácter y adecuar nuestra conducta a una conducta acorde con nuestra nueva naturaleza.
- La Biblia Instruye en justicia. Nos dice qué hacer. La Biblia se presenta como un entrenador capaz de irnos capacitando para la obediencia, es decir para vivir como Dios desea que vivamos.
Si observamos, el fin que persigue es prepararnos para toda buena obra.
- Un discípulo en construcción desarrolla el hábito de estudiar junto a su iglesia la Palabra de Dios. El estudio grupal de la Biblia es complementario al estudio individual. Pues al estudiar en grupo las dudas se disipan, el aprovechamiento individual se pone al servicio del grupo, el ánimo llega a aquellos que se están desanimando, las luchas de uno se hacen parte de un todo y muchos otros beneficios que sólo podemos alcanzar cuando estudiamos la Biblia juntos.
Para los primeros cristianos el reunirse a diario para estudiar la Biblia con sus hermanos constituía algo tan importante que exponían su vida cada vez que se reunían y no les importaba. Hechos 2:42 nos muestra un retrato de cómo veía la iglesia naciente el reunirse para estudiar las Escrituras y para orar: “Todos los creyentes se dedicaban a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión fraternal, a participar juntos en las comidas (entre ellas la Cena del Señor), y a la oración.” (NTV). Notemos las cuatro áreas que fortalecían estas reuniones:
- El estudio de la Palabra. En estas reuniones se estudiaban las Escrituras, es decir el Antiguo Testamento y los apóstoles les guiaban a encontrar allí a Cristo. Además les referían las enseñanzas que el Señor les había dado en sus tres años de ministerio. Esta es una manera interesante de estudiar la Biblia. Estudiamos la Biblia para tener un encuentro personal con Cristo y una vez ocurrido esto para conocerle más y vivir según sus mandamientos.
- La Comunión Fraternal. Cuando estudiamos la Biblia juntos, nuestra amistad también crece. Los discípulos compartían y al hacerlo su amor los unos por los otros iba en aumento. Nuestra sociedad hoy necesita tanto del amor fraternal que la iglesia debe convertirse en ese lugar donde podemos sentirnos amados, aceptados y valorados sin importar de dónde vengamos.
- Comían Juntos. No sólo el acto de comer, que para una sociedad deprimida económicamente ya es bastante, sino la intención que los unía al comer, pues al hacerlo recordaban a través del acto de la cena del Señor, la muerte de Cristo, su resurrección y su pronto regreso. Qué maravilla cuando la iglesia se sienta a compartir entre todos de la comida y aprovechan esos momentos de compartir para recordar el amor de Cristo que es lo que nos une.
- La Oración. Este es el beneficio más importante de reunirnos como iglesia, que podemos orar los unos por los otros. Ya mis cargas no son mías, sino que puedo compartir su amargo peso con mis hermanos quienes llevarán ante el trono de la gracia mis necesidades.
- Un discípulo en construcción desarrolla el hábito de compartir lo que ha aprendido con otros. Finalmente, todo evangelista en su estilo de vida, que es a su vez un discípulo en construcción, debe saber que Dios no le dará nada para su provecho personal, sino para compartirlo con otros. Una vez que desarrollamos los hábitos anteriores, es necesario identificar nuestros dones, es decir aquello que Dios me dio la capacidad de hacer, que me apasiona hacer y que puedo desarrollar en el contexto de mi iglesia.
Usando esta capacidad especial, entonces podré compartir con otros lo que Dios ha hecho, está haciendo y hará conmigo. El discípulo en desarrollo va adquiriendo un compromiso con el servicio a Dios cada vez más cierto y más serio. Esto determina su crecimiento y madurez como un verdadero discípulo. Refiriéndose a esta capacidad, Pablo le dice a los Corintios lo siguiente: “A cada uno se le da una manifestación especial del Espíritu para el bien de los demás.” (1 Corintios 12:7 NVI). De esta afirmación podemos extraer dos asuntos claves:
- Todos tenemos una capacidad dada por Dios para desarrollar en el contexto de la iglesia. El conocer nuestra capacidad y ponerla al servicio de la iglesia determina el propósito de Dios para nuestra vida. Por ello debe ser asumida con compromiso, pues allí está expresada la manera como Dios espera que le sirvamos. En nuestro desarrollo como discípulos, no sólo debemos descubrir nuestro don, sino asumir el reto, con responsabilidad, de ponerlo al servicio del Señor en el seno de la iglesia.
- El no asumir el compromiso de desarrollar nuestra cualidad priva a muchos de las bendiciones que fui diseñado para dar. ¿Cómo puedo medir mi madurez cristiana? Por mis niveles de compromiso en el servicio a Dios. Veámoslo así: Un niño puede desear ser muchas cosas, pero está descubriendo la vida, así que en la medida que madura su visión de lo que quiere desarrollar en la vida debe irse aclarando. De la misma manera el creyente. En la medida que vamos desarrollándonos como discípulos de Cristo vamos madurando y conociendo con qué virtudes el Señor nos ha capacitado para servirle en su obra. La reacción madura al respecto no puede ser otra que asumir con compromiso nuestro servicio a Dios.
Somos portadores de buenas noticias, las cuales nos exigen guiar a otros a encaminarse en la experiencia de ser discípulos de Cristo. Ser EVANGELISTAS EN NUESTRO ESTILO DE VIDA, es un llamado al EVANGELISMO, LA CONSOLIDACIÓN Y EL DESARROLLO de aquellos que hoy no han tenido un encuentro personal con Jesús. Seamos buenos mensajeros.
- Un discípulo en construcción desarrolla el hábito de conocer a diario la Palabra de Dios. No existe un recurso que nos enseñe a obedecer los mandamientos de Dios que no sea la Biblia. En ella tenemos todo lo que requerimos para alcanzar nuestro desarrollo como cristianos.
- También como EVANGELISTAS EN NUESTRO ESTILO DE VIDA, nuestro cuarto valor, caminamos desde la conversión hasta el desarrollo progresivo del carácter de un discípulo de Cristo. Esto nos lleva a madurar y conocer de qué manera quiere el Señor que nos COMPROMETAMOS EN SU SERVICIO, lo cual es nuestro quinto valor que desarrollaremos a partir de la próxima semana.




